BlackRock en los accionariados de BBVA y Santander Ampliar foto

Tres razones por las que BlackRock no es el poder silencioso que dice Podemos

Es el primer accionista del Ibex y tiene 17.000 millones en Bolsa española.

No tiene presencia en ningún consejo de administración ni personal en España

La gestora de fondos BlacRock es el máximo accionista de las grandes compañías españolas: Telefónica, Banco Santander, BBVA... Sus participaciones llegan al 7% del capital social y su inversión en la Bolsa española roza los 17.000 millones de euros, según Reuters. Pero, ¿es BlackRock la empresa más poderosa del país?

Para Podemos, sí. Rubén Juste, autor del libro Ibex 35. Una historia herética del poder en España y asesor del grupo Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados, tiene claro que no hay ahora ninguna empresa tan poderosa como BlackRock. El inspirador de la trama –el nuevo concepto-eslógan de la formación morada– recuerda en su libro que BlackRock es la gestora de fondos más grande del mundo (con cerca de 5 billones de euros de activos bajo gestión).

Sus tesis han calado y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha escrito en una tribuna que BlackRock es un gigante silencioso “experto en opacidad”. Estas declaraciones han situado a la gestora de fondos en el ojo del huracán. Las cifras de activos bajo gestión son mareantes, pero, ¿es tan poderosa como se dice?

La gestora, aún teniendo una potencia de fuego incomparable, no ejerce el poder que se le supone. Por tres motivos:

  • Porque no invierte por cuenta propia.
  • Porque no invierte a través de un único fondo, sino a través de decenas de vehículos, cada uno con una política independiente.
  • Porque entre sus fondos predomina la gestión pasiva, que no interfiere apenas en las empresas en las que invierte.


Invirtiendo por cuenta de terceros

La primera matización que hay que hacer es recordar una obviedad. BlackRock invierte por cuenta de sus clientes:cientos de miles de trabajadores y jubilados que canalizan sus ahorros a través de fondos de inversión y planes de pensiones.

BlackRock no es un conglomerado financiero como Berkshire Hathaway. La firma controlada por Warren Buffet sí que invierte directamente en compañías jugándose su propio balance. Si Buffet decide vender acciones de IBM por valor de 4.000 millones de dólares, tal y como sucedió la semana pasada, la orden se ejecuta en cuestión de horas.

BlackRock tampoco es una gestora activista. Este tipo de firmas, normalmente fondos alternativos (hedge funds, en la jerga), toman unas participaciones importantes en empresas para después promover un cambio de gestores o de estrategia (fusiones, desintegraciones...).

BlackRock gestiona fondos de inversión sencillos. Cada uno de estos vehículos tiene un mandato muy específico, y ninguno tiene que ver con la inversión activista.

“Las gestoras de fondos tienen un mandato fiduiciario con los propietarios de los fondos, las personas que les han confiado su dinero”, explica Ángel Martínez-Aldama, presidente de Inverco, la asociación de gestoras españolas. “Además, por normativa un solo fondo no puede ostentar una posición de control en una compañía”.

Si los fondos de BlackRock han aumentado posiciones en BBVA o Santander es porque decenas de miles de personas han decidido aumentar la exposición a Bolsa europea, o a bancos europeos. O porque el gestor de un fondo de BlackRock considera que la banca española tiene un mejor precio, en términos relativos, que la banca alemana.

Si Le Pen hubiera ganado las elecciones presidenciales francesas, habrían salido millones de euros de inversiones de fondos BlackRock en España, al considerar que Europa podría afrontar nuevos problemas políticos.
 

Una gestora, decenas de fondos

Aquí viene la segunda matización sobre el poder de BlackRock. Sus participaciones en compañías españolas se articulan por medio de decenas de vehículos de inversión, independientes entre sí.

BlackRock está presente en el accionariado de Santander a través de 89 fondos y ETF independientes

Hay fondos de derecho norteamericano, de derecho británico, de derecho luxemburgués; hay fondos tradicionales y fondos cotizados (ETF, en inglés); hay fondos especializados en España, fondos sectoriales de banca, fondos de compañías con altos dividendos... Cada uno de ellos tiene un mandato diferente e independiente. El consejero delegado de BlackRock, Larry Fink, no puede decidir que todos los fondos que invierten en Telefónica tomen una decisión coordinada.

Un buen ejemplo de esta situación se produce en los dos gigantes bancarios españoles. Los fondos de BlackRock controlan el 6,95% de Santander. Pero esas acciones se reparten en un total de 89 fondos de inversión y fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés), según datos de Morningstar. En BBVA, la participación de los fondos de BlackRock alcanza el 7,25% y se estructura a través de 79 vehículos.

En Santander, hay fondos gestionados por BlackRock con participaciones que valen más de 300 millones de euros y otros en los que hay menos de 15.000 euros invertidos.

Los tres mayores se corresponden con ETF. Este tipo de vehículos se basa en la gestión pasiva: no hay un administrador detrás que selecciona las compañías más atractivas, sino que el ETF de dedica a replicar fielmente la evolución de un índice: el Ibex 35, el Eurostoxx 50, el MSCIEurozone... Si una empresa tiene un peso importante en el índice, también lo tendrá en el fondo que replica el índice.
 

Una gestión pasiva

Es aquí cuando aparece el tercer matiz respecto al poder de BlackRock en España. La gestora norteamericana se ha especializado en gestión pasiva, ya sea a través de los mencionados ETF o a través de fondos indexados. El 66% del patrimonio que gestiona en el mundo, lo hace a través de este tipo de vehículos pasivos. La proporción es similar en España. Si se analiza únicamente los fondos de Bolsa, el porcentaje de gestión pasiva es incluso mayor.

¿Qué implicaciones tiene esto para el poder de BlackRock? La principal es que la supervisión de sus inversiones es muy somera. Si un valor entra en el Ibex, lo compran para sus fondos españoles, si sale, lo venden...

“BlackRock no tiene ni un solo consejero en una compañía cotizada española, pese a tener inversiones por unos 17.000 millones de euros, y ser el primer accionista en muchas de ellas”, explican fuentes del mercado.

Si tiene participaciones relevantes en Santander o BBVA es porque están en muchos índices y porque BlackRock es muy grande, no porque la firma tenga un interés especial en estos bancos.

El gigante silencioso no solo no nombra consejeros, sino que tampoco participa activamente en las juntas generales de accionistas, donde se fija la política estratégica, el reparto de dividendos o la remuneración de los directivos...

“BlackRock tiene solo 23 empleados en España, y casi todos se dedican a labores comerciales y de relación con clientes. Están volcados en vender fondos. Y ninguno se dedica a analizar qué debe votar la gestora en cada junta de accionistas”, apuntan fuentes financieras.

Entonces, ¿BlackRock no ejerce su derecho de voto? Sí, pero basándose en principios muy generales y no apostando por una inversión activista que trate de influir en la gestión.

La gestora tiene en Estados Unidos un equipo de gobierno corporativo, de menos de 30 personas, que define qué líneas maestras deben tener en cuenta sus fondos a la hora de votar: que los intereses de los directivos estén bien alineados con los de la empresa, que sus remuneraciones no sean disparatadas, que los consejos de administración sean profesionales y plurales, que la empresa tenga en cuenta criterios medioambientales en su estrategia...

En el caso de Europa, las directrices de voto las coordina un puñado de personas desde Londres, pese a que BlackRock invierte en miles de compañías del Viejo Continente.

En ocasiones, la gestora es incapaz de tomar una decisión de voto sobre asuntos concretos por lo que tienen que contratar a asesores externos. En la jerga se les conoce como proxy advisors, y su papel es recomendar a grandes fondos de inversión qué deben votar en las juntas de accionistas.

BlackRock más que un gigante silencioso y sibilino, es un gigante lento y con demasiadas preocupaciones.

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