Francia escoge para presidente su propia versión de Trump

Macron y Le Pen anuncian una gran ruptura con el establishment tradicional

El líder liberal advierte que adoptará por decreto la reforma laboral

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Emmanuel Macron, candidato a las presidenciales de Francia.

Francia sufrirá este domingo (7 de mayo) un cortocircuito político de magnitud casi similar a la victoria de Donald Trump en EE. UU. el pasado mes de noviembre. Al igual que el presidente de EE. UU., los dos contendientes de las elecciones a la presidencia de la República Francesa proclaman su voluntad de aniquilar el establishment político que ha regido el país durante las últimas décadas. Y aunque no lo parezca, ambos tienen puntos en común con el multimillonario estadounidense.

La ultraderechista Marine Le Pen comparte el ideario proteccionista e islamófobo de Trump.  Y el liberal Emmanuel Macron, aunque muy alejado desde el punto de vista ideológico, ha seguido una ruta de asalto al poder similar a la del empresario-jefe del otro lado del Atlántico.

La mayoría de los analistas han colocado a Le Pen en el rebufo de una corriente populista con la que explicar la victoria de Trump y el éxito del brexit en el referéndum del pasado mes de junio en Reino Unido sobre la salida de la UE.

Mucho más desapercibido ha pasado el carácter rupturista y al margen de la política tradicional de Macron. Un perfil que él cultiva con ahínco y que ha logrado, incluso, descolocar a un Frente Nacional que hasta ahora pretendía monopolizar el discurso antisistema en Francia.

En apenas un año, Emmanuel Macron ha logrado desmarcarse de los partidos tradicionales y forjar una alternativa que le ha llevado en volandas hasta las puertas del Elíseo. Una proeza comparable a la de Trump, un multimillonario que se camufló como antisistema, derrotó a todos los poderes facticos, dentro y fuera de su partido, y se plantó en la Casa Blanca.

"Soy un métèque [extranjero] de la vida política", se autodefine también Macron, mientras acaricia el sueño de convertirse a los 39 años en el presidente más joven de la V República.

Sus rivales han intentado echarle en cara su pasado como empleado en la banca de inversión (en Rothschild, nada menos) y la falta de experiencia en cargos electos. Pero Macron da la vuelta a las dos críticas e intenta convertirlas en ventaja, como ya hizo Trump en EE. UU.

El estadounidense rompió con la nomenclatura del Partido Republicano para presentarse como un outsider al margen de Washington. Y el aspirante al Elíseo también se desmarca del moribundo Partido Socialista (PS), a pesar de que fue su caldo de cultivo político y llegó a ocupar el cargo de ministro de Economía con el presidente saliente, François Hollande.

Macron va incluso más lejos que Trump y da por finiquitadas las dos formaciones tradicionales (PS y Les Republicains). Y asegura que, si sale elegido el 7 de mayo, no buscará una gran coalición entre la izquierda y la derecha sino una nueva mayoría que surja de las cenizas de ambos partidos.

El probable presidente de la República ha advertido a los antiguos parlamentarios del PS y de LR que, si no se pasan a sus filas antes de las legislativas de junio (11 y 18 de junio), probablemente se quedarán sin escaño o fuera de un nuevo grupo mayoritario, que aspira a dominar la próxima Asamblea.

La apuesta es muy arriesgada. Y si le sale mal, Macron puede verse condenado a una parálisis legislativa que frustre sus promesas rompedoras en menos de 100 días, como le ha ocurrido, por otros motivos, al inquilino de la Casa Blanca.

El tactismo electoral ya ha dinamitado el llamado "frente republicano" o alianza de todos los partidos para impedir el triunfo del Frente Nacional, una estrategia que en 2002 barrió al padre de Marine Le Pen, Jean-Marine, y dio la victoria a Jacques Chirac con el 80%.

Macron atribuye la ausencia de esa unanimidad en 2017 a su condición de persona ajena a la clase política tradicional. Pero insiste en que el mapa electoral ha cambiado para siempre y que, a partir de ahora, Francia está abocada a un tri-partidismo formado por la corriente liberal y centrista que él representa, por la extrema derecha de Le Pen y la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon.

El líder de ¡En Marcha!, cuyas siglas, EM, coinciden con las de su nombre, cree que ese reparto le favorecerá con una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar. Y, en todo caso, Macron parece dispuesto a adoptar por decreto las reformas más delicadas, como la del mercado laboral. Una vía expeditiva que puede incendiar la calle en un país con una gran tradición de lucha sindical. Los incidentes de este lunes, 1º de mayo (que dejaron varios policías heridos), ya se han interpretado como un aperitivo del conflicto social y laboral que puede desencadenarse durante el próximo quinquenio.

Algunas voces tampoco descartan que, una vez en el Elíseo, Macron dé un giro político y se aleje de sus proclamas electorales, en una marcha atrás como la que ha tomado Trump en varios temas. Y sus rivales no ahorran brutalidad a la hora de anunciar ese presunto camaleonismo "Macron es un impostor intelectual, moral y político", arremetía ayer Henri Guaino, antiguo consejero áulico del presidente Nicolas Sarkozy.

El propio Macron ha dado señales equívocas durante la campaña. Promesas de recortar el déficit público y, al mismo tiempo, una rebaja en impuestos de 10.000 millones para empresas y familias. Banderas europeas por doquier en sus mítines, aunque se muestra dispuesto a "tomar en cuenta la cólera hacia Europa que he visto durante toda la campaña, sobre todo, desde el pasado domingo [primera vuelta de las elecciones]".

A pesar de las dudas sobre la verdadera voluntad y capacidad de Macron, Berlín y Bruselas se aferran a la única candidatura que ha quedado en pie para frenar a Le Pen, que el 23 de abril batió todos los récords del Frente Nacional con 7,2 millones de votos.

Los dos finalistas se enfrentarán hoy durante el único duelo televisado antes de la segunda y definitiva vuelta de las presidenciales el 7 de mayo. El debate permitirá a los votantes franceses elegir entre la versión proteccionista, euroescéptica y xenófoba de una antiestablishment... o la versión liberal, europeísta e integradora del otro antiestablishment.

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