Contante y sonante

Larena cobra cinco millones por sus siete meses en el Popular

Ángel Ron no logra la indemnización por el despido

Hay dinero para una ampliación de capital

Ángel Ron, expresidente de Popular, y ex consejero delegado del banco.
Ángel Ron, expresidente de Popular, y ex consejero delegado del banco.

Emilio Saracho parece que va a salirse con las suyas y podrá realizar una macroampliación de capital que dará la vuelta a la composición del tradicional accionariado de Banco Popular. Varias fuentes financieras aseguran que el presidente de la entidad ha logrado despertar el interés de varios fondos de inversión para que acudan a una nueva (la cuarta) inyección de capital.

Eso sí, ningún inversor institucional entrará en Popular si no están claros los números de su balance y cuenta de resultados o, lo que es lo mismo, hasta que no se haya llevado a cabo un saneamiento profundo que el mercado crea y cierre ya las dudas que presenta la entidad.

Será entonces cuando se fije el precio de la ampliación de capital y los fondos decidan suscribir o no títulos de este banco que lleva ahora un año desangrándose en Bolsa. Pero, de momento, la primera fase de este proceso de capitalización del banco se está saldando con éxito.

Tanto es así que Saracho ha cambiado de opinión y ha decidido dar una oportunidad al negocio de tarjetas de WiZink, en el que Popular controla el 49%. Ahora considera que esta firma es muy rentable y que este año duplicará sus beneficios hasta alcanzar los 250 millones, gracias a la incorporación del negocio de Barclays Card a finales de este año. Por ello, y pese a que podría sacar alrededor de unos 1.000 millones de euros por la venta de esta participación y sumar más de un 1% a su débil ratio de capital principal, razón de sus males, ha optado por aparcar su enajenación.

Es cierto que deshacerse de WiZink tiene sus dificultades, ya que el 51% restante lo tiene un fondo de Värde Partners, el cual disfruta de un derecho de veto a la operación de venta, algo que desaparecerá en enero de 2018, fecha en la que cumple el plazo para que Popular pueda ejercer o no su derecho de recompra del 100% de la firma de tarjetas.

Ante esta decisión, lo lógico, como apuntan varias fuentes, es llevar a cabo una ampliación más elevada de la que se tendría que llevar a cabo si se vendiera WiZink.

Saracho preveía hacer una ampliación de capital inferior a los 3.000 millones de euros, según afirman fuentes financieras, pero ahora esa cifra puede que se incremente considerablemente. “En el mercado hay dinero y ganas de invertirlo. Ahora el sector financiero español vuelve a estar de moda y si hay un banco a precios atractivos con un proyecto creíble los fondos están dispuestos a poner todo el dinero que haga falta. Y que mejor oportunidad para Saracho que aprovechar y llevar a cabo de una vez por todas unas macroampliación de capital de 4.000 o 5.000 millones o incluso 6.000 millones y despejar el futuro de Popular para unos cuantos años”, señalan las mismas fuentes.

El presidente de Popular cumpliría con esta macroampliación dos objetivos: por un lado, sanear y despejar cualquier duda sobre la salud de la entidad, y por otro, diluir lo máximo posible el peso de los accionistas tradicionales de la institución, como es la Sindicatura, primer inversor del banco al controlar el 9,59% de su capital. El pequeño accionista también sufriría las consecuencias negativas, claro.

Las mismas fuentes aseguran que a Saracho no le preocupa que la acción de Popular se derrumbe en Bolsa, algo que está ocurriendo. “La volatilidad es parte de la operativa de los títulos que cotizan. Unas veces se gana y nadie protesta, y otras se pierde y es cuando todos lanzan la voz de alarma, pero la Bolsa es eso”, señala un experto financiero. El exvicepresidente de JP Morgan está convencido de que una vez que haya una transfusión de dinero en el banco y se haya renovado su accionariado la acción repuntará al valor real de la entidad.

También está convencido de que los actuales accionistas significativos que sigan apostando por el banco volverán a acudir a la ampliación de la entidad. Será la regeneración de Popular en el accionariado y en el consejo (de momento en 60 días ha renovado el 35% de este organismo, y ya solo queda Francisco Aparicio, secretario y consejero el único afín al anterior presidente, Ángel Ron).

El consejero delegado de Bankia, José Sevilla, ya lo subrayó el viernes pasado. “En el mercado hay mucha liquidez. Si hay un buen proyecto de inversión, en el mercado siempre encuentras fondos para comprar o financiar el proyecto”, declaró, para añadir que en los últimos tres meses el interés de los inversores institucionales por la banca española había crecido.

Y hablando de Bankia. El presidente de esta entidad, José Ignacio Goirigolzarri, fue el artífice del fichaje de Ignacio Sánchez-Asiaín, como consejero delegado de Popular, señalan varias fuentes. Goirigolzarri y Sánchez-Asiaín se conocen no solo de Bilbao, sino de su etapa de directivos de BBVA.

Sánchez-Asiaín sustituyó hace unas semanas a Pedro Larena, quien decidió abandonar Popular siete meses después de su fichaje por incompatibilidad con Saracho.

Larena, que provenía de Deutsche Bank, se ha llevado por estos siete meses en la entidad cinco millones de euros, correspondientes a tres anualidades y la pensión pertinente (no es indemnización porque se ha ido él). Si le hubieran echado, el salario se hubiera elevado a seis millones, ya que a los 5 millones se incluiría un bonus de un millón. Eso sí, durante tres años no puede trabajar en un banco, aunque sí en otra empresa de otro sector.

El expresidente de Popular, Ángel Ron, por cierto, no recibirá la indemnización que reclamó tras 32 años en Popular. Sí se ha llevado, claro, 24 millones de euros correspondientes a su pensión, y que cobrará a razón de 1,1 millones anuales. La dirección de la entidad se ha negado a pagar o llegar a algún acuerdo con Ron sobre su indemnización, aunque el expresidente puede ahora demandar en los juzgados a la institución si considera que tiene derecho a ella. Pero parece que Ron no tiene intención de llegar a este extremo.

Como curiosidad, en la oferta no vinculante que hizo BBVA por Popular su idea era eliminar la marca Popular, mientras que en la de Santander se optaba por mantener el nombre de Popular y de Pastor, por lo menos durante un tiempo.

Como último apunte, parece que el ministro de Economía, Luis de Guindos, tiene todas las papeletas para ser vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE) en un año. Guindos sustituiría a Vítor Constâncio en junio de 2018. Economía, no obstante, asegura que todo son especulaciones.

 

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