El talento amenaza con trastocar el sistema económico

La diferencia la marcará el talento, no el capital

Ya no mandarán los capitalistas, sino los talentosos

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De izquierda a derecha, Tomás García Madrid, consejero delegado de OHL; Tomás Pascual, presidente del grupo Pascual; Javier Cremades, presidente de Cremades & Calvo Sotelo; Eduardo Serra, presidente del consejo asesor del Círculo de Empresarios, y Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo PRISA

La quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 supuso un punto de inflexión para el capitalismo y la doctrina liberal. Fueron muchos los líderes mundiales que profundizaron en la necesidad de repensar las estructuras y mecanismos del sistema. Algunos de ellos de la talla del entonces primer ministro británico Gordon Brown. Pero, por las razones que fuesen, esta transformación nunca llegó más allá de la mera reflexión o debate.

Sea como sea, lo que parece obvio es que los ritmos del mercado y las estructuras de poder ya han cambiado. Y todo apunta a que la transformación se acentúe y coja fuerza con el paso de los años. “Ya vivimos en un mundo en el que la principal agencia de taxis no tiene ninguno en propiedad, donde el mayor líder de comunicación, Facebook, no genera contenidos, donde el mayor portal de pisos turísticos no posee ninguna vivienda y en el que la mayor distribuidora no cuenta ni siquiera con un pequeño almacén”, explicó ayer Juan Luis Cebrián, presidente de PRISA, grupo editor de CincoDías, en la conferencia internacional de economía humanista Back to Basics, organizada por la Fundación Madrid Vivo, PwC e IESE. Toca, por tanto, repensar el conglomerado económico, empresarial, social y político actual.

“En mi opinión, hemos entrado en una nueva etapa del capitalismo, en la que las empresas deben recuperar la legitimidad, tendiendo a la economía compartida y a una gestión de luces largas, aquella que mira al largo plazo”, en palabras del presidente de Cremades & Calvo Sotelo, Javier Cremades. Este experto enfatizó además que “el capitalismo es, ojalá, el lugar en el que vivamos en el futuro, por lo que es importante seguir perfilándolo, afilándolo y mejorándolo”. Algo positivo de esta nueva etapa que está comenzando es que las empresas están cada vez más vigiladas y, por lo tanto, se han vuelto mucho más transparentes.

A esto se refirió el consejero delegado de OHL, Tomás García Madrid: “Hay empresas que hacen bien las cosas y otras que las hacen mal. Lo importante es que, a largo plazo, aquellas que cometen errores son castigadas, perdiendo valor y beneficios”. La razón, continuó, es que a día de hoy, debido a las redes sociales y a las nuevas tendencias, “cualquier cosa que hagas va a saberse, como ocurre en nuestro caso, con algo que pudimos hacer hace 10 años”, dijo García Madrid.“Y que eso se sepa es bueno”, añadió. Cabe recordar que OHL está implicada en los presuntos casos de corrupción investigados en la Operación Lezo.

El cambio de paradigma obliga a las organizaciones, advirtieron los expertos, a mirar lejos. “Hay un nuevo liderazgo que debe situar a las personas en el centro, reinventándose continuamente. Y eso obliga a que la misión y el propósito de la empresa se enfoquen plenamente a ello”, recordó el presidente del grupo Pascual, Tomás Pascual. Solo de esta forma las compañías podrán cumplir su razón de ser: “Crear riqueza y compartir valor”, apuntó García Madrid. “Además, es indispensable que esto se haga de este modo, porque el valor pequeño se distribuye mucho peor que un valor grande. Los accionistas, los inversores y la propia sociedad requieren de lo segundo”, matizó Pascual.

Pero estas no son las únicas señales que marcan un cambio de rumbo. Para el presidente del consejo asesor del Círculo de Empresarios, y antiguo ministro de Defensa, Eduardo Serra, los cambios de época llegan cuando se transforman los métodos por los que se transmite conocimiento y se produce riqueza. “Y esto nunca ha cambiado tanto como hoy”. Serra profundizó brevemente en las estructuras de poder que han regido el sistema: “Al principio mandaban los que tenían tierras: los terratenientes. Luego mandaron los que consiguieron crear riqueza, capital: los capitalistas. Pero, ¿qué ocurre con la revolución tecnológica?”, preguntó. Para crear Apple, Google o Microsoft no hicieron falta tierras ni fábricas ni plantas industriales. Solo hizo falta talento. “Por eso el capitalismo ha muerto, ha dado ya de sí. Y si en las últimas décadas han mandado los capitalistas, en el futuro lo harán los que tienen ese talento”, argumentó.

Las personas con talento serán los nuevos capitalistas

Eduardo Serra

Una de las razones de este cambio, continuó, es que el talento está mucho mejor repartido que el capital, además de tener un impacto mucho más fuerte en el día a día de los consumidores y de la sociedad en su conjunto. Por eso, “los talentosos van a mandar más de lo que pensamos”, recalcó el exministro. Las empresas que operan hoy solo tienen una solución para enfrentarse con éxito a esta revolución: “Mirar a largo plazo”, apuntó García Madrid, no sin pasar por alto que a medida que la velocidad de cambio aumenta, anticiparse se vuelve mucho más complicado y costoso. Dicho de otro modo, “si vas en un coche a 150 kilómetros por hora, necesitas unas luces mucho más largas y potentes que si vas a menor velocidad. Cuanto más rápido va el mundo, más visión debes tener”.

Este necesidad, no obstante, plantea un reto crucial a las compañías. “Los mercados exigen reportes trimestrales, y los bonus, los accionistas, los salarios... dependen de esos reportes. ¿Cómo se gestiona en esta situación con luces largas?”, lanzó Cebrián. Para solventar este panorama, además de un cambio de mentalidad de la industria, de los mercados y del Estado en general, será necesario recurrir a nuevas fórmulas. “Por ejemplo, empezar a invertir en valores intangibles que permitan mirar a largo plazo sin ningún tipo de miedo”, recomendó Tomás Pascual.

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