Francia mantiene en alerta a las capitales europeas

Los cuatro principales aspirantes a la presidencia francesa se encuentran ya en los cuareles generales de sus partidos o movimientos, tras una jornada electoral que ha movilizado a una parte muy importante de los 47 millones de franceses llamados a votar.

La jornada electoral ha transcurrido bajo una intensísima vigilancia militar y policial, por temor a que se repitiera un atentado como el ocurrido el pasado jueves en plenos Campos Elíseos. Y marcada también por la incertidumbre de una campaña que, según los sondeos, llegaba al final con un virtual empate entre el liberal Emmanuel Macron, la ultraderechista Marine Le Pen, el conservador François Fillon, y el ultraizquierdista Jean-Luc Melenchon.

Las principales capitales europeas, con Berlín, Fráncfort y Bruselas a la cabeza, se mantnenen en alerta a la espera de un escrutinio que podría arrojar, como mal menor, un duelo entre las posiciones más europeístas del liberal Emmanuel Macron y las tesis eurófobas de la ultraderechista Marine Le Pen.

A las 17 horas, la participación se situó en las cotas elevadas habituales, con un 69,4%, sólo un punto por debajo del 70,5% de hace cinco años. Algunos sondeos habían pronosticado una elevada abstención, presunto reflejo de un hartazgo del electorado tras una campaña plagada de escándalos y de vaivenes en el liderazgo de los princpales partidos.

La abstención hubiera podido favorecer a la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen. Su padre, Jean-Marie Le Pen, logró en 2002 pasar a la segunda vuelta en gran parte gracias a la participación más baja en una primera vuelta desde 1965.

La hija podría pasar esta vez pasar con una elevada participación, lo que indicaría que el Frente Nacional se ha convertido  ya en una de las fuerzas política ineludibles en Francia.

La criba de hoy comenzará a despejar una de las grandes incógnitas sobre el futuro de la Unión Europea, un club paralizado por la falta de sintonía entre Berlín y París y resquebrajado por la salida del Reino Unido.

Francia se debate entre un instinto soberanista, reacio a ceder competencias a Bruselas, y la necesidad de profundizar y completar la Unión Monetaria Europea para que la zona euro no siga redundado desproporcionadamente en beneficio de Alemania.

A la espera de la segunda vuelta (el 7 de mayo), las urnas darán ya este domingo una primera pista sobre la dosis de europeísmo que cabe esperar en el próximo inquilino del Elíseo, llamado a entenderse (o enfrentarse) con el Gobierno que surja de las elecciones de septiembre en Alemania.

Berlín desearía contar con una presidencia francesa dispuesta a avanzar en la disciplina presupuestaria, la armonización fiscal y la transferencia de soberanía a Bruselas. Pero el creciente euroescepticismo de la opinión pública francesa hace temer otro quinquenio de desentendimiento y parálisis en el club europeo.

De los cuatro aspirantes con posibilidades de llegar al Elíseo, solo el liberal Emmanuel Macron luce con entusiasmo la bandera azul de la Unión Europea y apuesta por una integración política del continente.

El resto de los candidatos oscila entre el desmantelamiento de la UE prometido por la ultraderechista Marine Le Pen y la eurorreticencia del conservador François Fillon, pasando por la euroincoherencia del ultraizquierdista Jean-Luc Mélenchon.

Entre esos extraños mimbres, el Gobierno alemán de Angela Merkel no ha dudado en apostar por Macron, antiguo ministro de economía del presidente saliente, François Hollande, a pesar de que Fillon pertenece a la misma familia política que la canciller, el Partido Popular Europeo.

Los sondeos otorgan al candidato de Berlín un 23,5%, solo un punto por delante de la eurofobia de Le Pen. Fillon, con el respaldo de la patronal, alcanza el 19,5%. Y el ogro de los mercados, Mélenchon, el 18,5%.

Solo dos pueden pasar al duelo final, pero en la primera vuelta ya puede quedar claro si Francia avanza hacia un choque con la UE (Le Pen-Mélenchon) o hacia una convivencia más o menos constructiva.

La cita francesa, en todo caso, es nada más ( y nada menos) que la primera de un trascendental semestre electoral en los tres mayores países de Europa. Reino Unido celebrará elecciones anticipadas el 8 de junio, una convocatoria con la que el Gobierno de Theresa May pretende garantizar la irreversibilidad del brexit.

Y Alemania elegirá el 24 de septiembre entre el pragmatismo cortoplacista de la canciller actual, la conservadora Angela Merkel, o el federalismo visionario y un tanto iluso del socialista, Martin Schulz.

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