Un plan de choque doloroso para el accionista, pero necesario para Popular

Es difícil no preguntarse si no estará pagando haber querido mantener su independencia

Emilio Saracho, presidente de Banco Popular, en la junta de accionistas de ayer.
Emilio Saracho, presidente de Banco Popular, en la junta de accionistas de ayer.

El mercado recibió ayer con severas caídas, que llegaron hasta el 10%, la intervención de Emilio Saracho, presidente de Banco Popular, en la junta de accionistas de la entidad. Saracho confirmó una noticia que el mercado venía ya descontando –la necesidad de acometer una nueva ampliación de capital–, pero dio un paso más al anunciar que, si es necesario, el banco estará dispuesto a una fusión. La hoja de ruta que desgranó el nuevo presidente supone un severo plan de choque para salvar el banco y un espinoso camino para los accionistas, que han cargado con el derrumbe del precio de la acción, la supresión del dividendo, las pérdidas récord durante 2016 y un desfase contable de más de 600 millones en las cuentas del pasado año. A ello hay que unir el anuncio de la nueva ampliación de capital, la segunda en un año y la cuarta en menos de un lustro. Una amarga medicina para unos inversores que han demostrado con creces su fidelidad al banco y aprecian fuertemente la marca.

Los planes anunciados ayer –que incluyen también un calendario de desinversiones– resultan dolorosos, pero son obligados. Popular, como toda la banca europea, tendrá que acreditar las severas exigencias de solvencia que impone la futura normativa regulatoria. Solo en caso de que este plan de choque no sea suficiente para aumentar con holgura fondos propios y apuntalar el banco se abriría a la posibilidad de participar en una fusión. Ya en el plano estratégico, la entidad acierta al decidir apostar, tal y como explicó ayer Saracho, por centrarse en lo que mejor sabe hacer: la banca tradicional en España, con especial atención al segmento de la pyme.

Ante la delicada situación que atraviesa el banco en este momento, es difícil no preguntarse si Popular no estará pagando el precio de haber querido mantener a toda costa su independencia en el mapa bancario español, lastrado por el peso de un ladrillo que aún no ha podido digerir. En cualquier caso, la entidad tiene ante sí un reto clave si quiere no ya mantenerse en solitario, sino sobrevivir y salir reforzado de una crisis de cuya buena gestión depende su futuro.

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