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El dilema de subir o no los salarios y cuánto

La mayoría de los expertos pide cautelas a la hora de aplicar mejoras

El Banco de España alerta de los efectos inflacionistas de los incrementos salariales

Parece que la maquina está en marcha”, “las empresas funcionan ya con más alegría” o “los asalariados tienen que empezar a ver ya un poquito la mejora económica en sus nóminas”. Estas son algunas de las frases escuchadas en los últimos días desde distintos ámbitos empresariales, gubernamentales o académicos ante la disyuntiva en la que se encuentran las empresas españolas, ya sean grandes, medianas o pequeñas.

La salida de la crisis en términos macroeconómicos es un hecho plenamente constatado desde 2014. En ese año, la economía española creció un 1,4% poniendo fin a cinco años de recesión o estancamiento; y en los ejercicios siguientes, el PIB escaló un 3,2% cada año.

Este aumento de la actividad se vio correspondido con un crecimiento parecido del empleo, pero no así de los salarios, cuyo avance ha seguido respetando escrupulosamente la moderación cuando no congelación o recortes que se extendió a partir de la reforma laboral de 2012.

Desde el arranque de la crisis en 2008 y hasta la aprobación de dicha reforma laboral, la inmensa mayoría de los empresarios optaron por hacer los ajustes destruyendo empleo; y escogieron masivamente prescindir de los trabajadores temporales. De hecho, la mayor prueba de que el ajuste se cebó con el empleo y no con los salarios fue que, en plena crisis, los sueldos que se pactaban en convenio crecían un 3,6% en 2008;un 2,2% en 2009; un 2,1% en 2010;o un 2,3% en 2011. Pero la reforma laboral permitió a las empresas hacer los siguientes ajustes a través de recortes salariales, por la vía del artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores, que regula la modificación sustancial de las condiciones laborales y cuya utilización se facilitó con la reforma. O bien, mediante el descuelgue o incumplimiento de las condiciones salariales impuestas en los convenios colectivos.

Así, el responsable del Gabinete Económico de Comisiones Obreras, Carlos Martín, en un reciente estudio sobre Los salarios durante la crisis, aseguraba que “la reforma laboral ha sido el instrumento empleado por el Gobierno para provocar una devaluación salarial mayor a la que se estaba a produciendo en el mercado”. Y añade que los cambios que introdujo esta reforma en la negociación de los convenios colectivos “no solo facilitan que los ajustes recaigan sobre los salarios de los trabajadores, sino que también disminuye sus posibilidades de participar en la prosperidad de las empresas durante las etapas de crecimiento”.

Y precisamente la economía española se encuentra ahora en esa disyuntiva;en el momento de responder a esa queja sindical: ¿se está trasladando la recuperación de la actividad a los trabajadores por la vía salarial? ¿Es el momento para mejorar las retribuciones por encima de lo que se ha hecho en los primeros años de la salida de la crisis?

Las cúpulas patronales y sindicales renovaron con especial cuidado desde 2014 los acuerdos de negociación que incluyen las recomendaciones a los negociadores de los convenios colectivos tanto de la parte empresarial como de la de los trabajadores. En estas recomendaciones se garantizaba la moderación salarial, con incrementos que iban de la congelación al entorno del 1%.

De hecho, la moderación salarial contribuyó a que los costes laborales nominales se mantuvieran relativamente constantes, y a menudo incluso en negativo, mientras aumentaban en la zona euro. Esto ha ayudado notablemente a recomponer la competitividad de las empresas.

El punto de inflexión

Sin embargo, y dicho todo esto, parece que 2017 podría ser un punto de inflexión en la recuperación salarial. Uno de los primeros en levantar la liebre fue el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, quien en septiembre pasado dijo en el seno de la Eurocámara: “Ha llegado el momento de aumentar los salarios, que llevan años creciendo por debajo de la productividad”.

Y de forma mucho más reciente, el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, se descolgaba el pasado 3 de abril con una afirmación rotunda en una entrevista en CincoDías: “Es lógico normalizar los salarios;ya no somos una economía al borde del colapso”, dijo.

Y, casualidades o no, dos días después, el pasado miércoles, las cúpulas de las patronales CEOE y Cepyme movían ficha en la negociación del pacto salarial para 2017, que estaba encallada desde diciembre pasado. El motivo del bloqueo era que los empresarios querían mantener la recomendación de que las empresas que lo necesitaran siguieran sin subir los salarios, algo que los sindicatos no estaban dispuestos a asumir.

No obstante, este movimiento empresarial, según el cual se muestran dispuestos a abandonar las congelaciones salariales y a que los sueldos suban entre un 1% y un 2%, más un 0,5% ligado a productividad, no ha estado exento de críticas por parte, sobre todo, de las medianas y pequeñas empresas.

Según datos de la patronal de las pymes (Cepyme), más de la mitad de este segmento empresarial no ha salido aún de la crisis. Y aquí es donde surgen muchas de las alertas entre los que opinan que aún hay que ser cauteloso o, al menos, tener en cuenta las distintas casuísticas por las que atraviesan las empresas y los sectores, descartando en cualquier caso incrementos importantes, generalizados o lineales de salarios.

“Existe un factor psicológico; se está vendiendo una sensación de recuperación generalizada, y todo apunta a que existe. Pero no se puede aspirar a grandes recuperaciones del poder adquisitivo, habrá que ir poco a poco”, asegura Fernando Moreno, consejero de Analistas de Relaciones Industriales (Arinsa) y experto conocedor de las relaciones laborales.

Es más, Moreno, pone el foco precisamente en las pymes, “que ya han arrancado 2017 con una considerable alza de sus costes laborales, derivados de la subida del 8% del salario mínimo interprofesional y del 3% de las bases máximas de cotización”.

Por su parte, el jefe de Economías Desarrolladas de BBVA Research, Rafael Doménech, hace hincapié en la necesidad de que cualquier incremento de los salarios obedezca o esté precedido de una mejora de la productividad.

“Si el alza retributiva está respaldada por una mayor productividad sería una señal de que la economía española funciona de forma saludable”.

Rafael Doménech, Jefe de Economías desarrolladas de BBVA Research

De lo contrario, si las subidas salariales no estuvieran provocadas por el aumento de la productividad, las empresas recurrirían a los recortes de empleo para aligerar sus costes y recuperar productividad y competitividad, explica Doménech.

Además, este experto precisa que tampoco debe trasladarse todo el aumento de la productividad a la mejora salarial, sino que las empresas deberían destinar una parte de dicha mejora a la creación de nuevo empleo.

Desde el Banco de España apuntan a otra cautela a la hora de subir salarios. Tras el último avance del IPC del mes de abril, en el que los precios avanzaron un 2,3% interanual, después del fuerte repunte del 3% de los dos primeros meses del año, los expertos de esta institución aconsejaron que los salarios no suban acompasados por los precios para evitar los denominados efectos de segunda ronda. Esto es, que las alzas salariales no se conviertan a su vez en inflacionistas.

En opinión de estos analistas del organismo supervisor, de producirse estos efectos de segunda ronda, las empresas perderían competitividad, lo que terminaría afectando al empleo.

Más tajante se mostraba en la última cumbre de Davos uno de los directivos del mercado laboral que más visión global tiene, el consejero delegado mundial del grupo de recursos humanos Adecco, Alain Dehaze. “Si España tiene inflación, tendrá que gestionarla, pero, con toda seguridad, no subir los salarios, porque eso sería inflacionista y afectaría a la productividad. En cualquier caso, nunca habría que subirlos por encima de la inflación”, señalaba Dehaze.

De momento, eso es lo que está ocurriendo en la negociación salarial en lo que va de año. Sin tener aún las recomendaciones salariales de patronal y sindicatos –que tras la oferta empresarial podrían cerrarse a finales de este mismo mes o principios de mayo–, más de 3,5 millones de trabajadores han firmado ya sus condiciones laborales para este año, con un incremento salarial medio pactado del 1,23%.

De hecho, los datos del Ministerio de Empleo indican que el 90% de estos asalariados que ya han pactado sus condiciones tienen incrementos de entre el 1% y el 2% (1,28% de media). Una cantidad que coincide con las estimaciones del propio Gobierno, que ha diseñado los presupuestos de la Seguridad Social calculando que las retribuciones medias de los asalariados crezcan un 1,3%.

En este escenario, fuentes patronales introducen otro elemento en el debate:la conveniencia de recomendar estas subidas salariales de entre el 1% y hasta el 2,5%, ligado en su banda máxima a productividad, a cambio de paz social. “Porque luego, al fin y al cabo, las empresas llegan donde pueden llegar”, indican estas fuentes. Y prueba de ello es que en 2016, el pacto salarial aconsejaba mejoras de hasta el 1,5% y el incremento salarial medio se quedó en el 1%.

El director de Consultoría de Human Capital de Deloitte, Borja Arrieta, coincide en que es imprescindible que cualquier alza de sueldos esté respaldada por más productividad. Pero, además, cree que “es el momento óptimo para que las compañías se planteen si sus estrategias retributivas se ajustan a su plan productivo, y aprovechen para introducir más elementos variables en los salarios y compensaciones no monetarias”.

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