Editorial

El dividendo, el atractivo anticíclico

Entre las grandes empresas de la Bolsa española figuran las más fieles con esa retribución: eléctricas, telefónicas o bancos

El dividendo, el atractivo anticíclico

El dividendo ha sido siempre uno de los estímulos de la inversión, aunque su rol ha cambiado en función de múltiples circunstancias, ya sean de la propia compañía que los abona, o de las condiciones macroeconómicas, como los tipos de interés o la evolución de la propia inflación. Los inversores más tradicionales han destinado siempre una parte sustancial de sus carteras a empresas que mantenían jugosos dividendos de forma ininterrumpida, mientras que destinaban una porción más limitada a la aventura de las empresas de crecimiento o a las nuevas actividades económicas que llegaban al mercado. Todavía ahora la española es la Bolsa que mayor rentabilidad proporciona por dividendo, entre otras cuestiones porque entre sus grandes empresas figuran aquellas más fieles con ese tipo de retribución a sus socios, como es el caso de las eléctricas, las telefónicas o los bancos.

En todo caso, aunque solo sea por esta simple condición, el dividendo ha sido siempre el más anticíclico de los atractivos para los inversores, pues proporciona una rentabilidad base muy estable, independientemente de que el oleaje del mercado lleve las cotizaciones hacia arriba o hacia abajo. En el caso español, durante demasiados años algunas grandes empresas han mantenido su fidelidad con el accionista en la cita de los dividendos, cuando las circunstancias de la crisis financiera aconsejaban su reducción e incluso su suspensión por una temporada. Tal actitud, que ha podido retrasar la superación de la crisis en algunas compañías, ha consolidado el carácter defensivo del dividendo en las estrategias de inversión de los particulares, e incluso de los grandes fondos de pensiones, que precisan disponer de un estabilizador de la rentabilidad que ofrecen a sus partícipes.

La media de las empresas que componen el Ibex retribuye a sus socios con unos retornos por reparto de beneficios del 3,5%, una tasa muy generosa en comparación con la rentabilidad proporcionada por los bonos o los depósitos en el actual escenario de tipos de interés. La evolución de los tipos y de la propia inflación podría desincentivar la inversión buscando el dividendo, ya que la tendencia del precio del dinero marcado por EEUU terminará siendo seguida por Europa con un decalaje de un par de años a lo sumo. Pero en condiciones normales, la subida de los tipos de interés únicamente es una señal avanzada tanto de un mayor crecimiento económico como de las hipotéticas tensiones inflacionistas estructurales, lo que bien podría incrementar los beneficios de las empresas y los propios pagos a los accionistas. En todo caso, la vía del dividendo para los particulares debe seguirse siempre con empresas de probada solvencia, escasa deuda, poca competencia, buenos gestores y una trayectoria intachable de reparto de sus beneficios, acompañada de un flujo de beneficios regular.

 

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