Tensión en la UE

Putin y Erdogan ensayan en Holanda el sabotaje electoral

El conflicto con Ankara y la amenaza cibernética rusa marcan los comicios holandeses

Rusia y Turquía potencian las corrientes y las tensiones que amenazan a la UE

El primer ministro holandés, Mark Rutte, y el líder de la ultraderecha, Geert Wilders durante el último debate electoral en Rotterdam. REUTERSYves Herman
El primer ministro holandés, Mark Rutte, y el líder de la ultraderecha, Geert Wilders durante el último debate electoral en Rotterdam. REUTERS/Yves Herman REUTERS

Dos autócratas de la talla de Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan se han convertido en los protagonistas de las elecciones generales de mañana en Holanda, una operación que se interpreta como el primer ensayo de Rusia y Turquía para enturbiar los comicios en la Unión Europea y desestabilizar la vida política del club comunitario.

A solo unos días de las elecciones, el presidente turco ha desencadenado un grave conflicto diplomático con Holanda que ayer marcó el último debate televisado de la campaña entre el primer ministro, el liberal Mark Rutte, y el líder de la extrema derecha, Geert Wilders.

La sombra del presidente ruso también se ha hecho sentir por la amenaza de ataques cibernéticos que han obligado a extremar la precaución en el escrutinio de votos, lo que retrasará la presentación de resultados definitivos hasta el 21 de marzo.

Por diferentes motivos, tanto Moscú como Ankara se muestran interesadas en potenciar las fuerzas centrífugas que, como el Partido de la Libertad (PVV) de Wilders, amenazan con disgregar o debilitar a la Unión Europea aprovechando el rebufo del brexit.

Holanda es la primera prueba de fuego en esa pugna por socavar la Unión, con un partido eurófobo y xenófobo como el PVV situado como la segunda fuerza más votada en los últimos sondeos.

Wilders ha asumido el papel de termómetro del euroescepticismo en toda Europa. Y sus votos (que podrían rondar el 20%) darán una primera señal sobre lo que cabe esperar en otros países que celebran elecciones este año.

Los partidos euroescépticos de todo el continente confían en que Holanda refrende mañana su popularidad y que el resultado de Wilders sirva de aperitivo del que esperan alcanzar en las elecciones de abril en Francia y de septiembre en Alemania.

Bruselas, por su parte, espera que Wilders coseche un resultado mucho peor de lo esperado y que, tras el triunfo del brexit en 2016, Holanda sea el punto de inflexión hacia un resurgir de las fuerzas pro-europeas que se traduzca en un potente eje franco-alemán a finales de año.

Ni a Erdogan ni a Putin les interesa ese escenario europeísta. Al presidente turco, porque la debilidad de la UE aliviaría la frustración del electorado turco, cada vez más consciente de que las posibilidades de ingreso en el club europeo son muy remotas. Y a Putin, porque el Kremlin ha recuperado la dialéctica de la guerra fría y en ese contexto Moscú no desaprovecha ningún golpe al bloque europeo.

Erdogan juega todas sus bazas en el tira y afloja con la UE, desde la crisis de refugiados a la presencia de importantes colonias de turcos en países como Holanda, donde residen unas 395.000 personas de origen turco, gran parte de ellos con doble nacionalidad. El presidente turco no ha dudado en provocar al Gobierno de Rutte enviando a algunos de sus ministros a celebrar mítines políticos en Holanda a sabiendas de que La Haya lo impediría, entre otras cosas, porque coincidían con la campaña electoral del país.

Nadie sabe si el conflicto con Ankara favorecerá a los partidos moderados y facilitará una nueva coalición en torno a Rutte o alentará el voto extremista a Rutte.

Pero el choque frontal parece pensado para acentuar la deriva xenófoba y antiislamista del electorado holandés al tiempo que permite a Erdogan buscar una rentabilidad nacionalista en casa para su referéndum de abril sobre una reforma constitucional destinada a facilitar la perpetuación de su poder y el de su partido.

Erdogan puede repetir la jugada en Alemania, donde la población de origen turco ronda los tres millones. Y mantiene la llave del flujo de refugiados, cuya apertura en 2015 desencadenó un éxodo hacia Europa de más de un millón de personas, lo que provocó la ruptura de Schengen y el restablecimiento de controles fronterizos entre varios países europeos, todavía en vigor.

Fuentes diplomáticas consideran que Erdogan no osará desafiar a Alemania hasta el mismo nivel que a Holanda. “Merkel y Erdogan se han esforzado por evitar que sus posibles roces desencadenen una nueva crisis de refugiados”, señalan esas fuentes. Y añaden que “a Turquía no le interesa una ruptura total con la UE, porque en el mudo actual es uno de los pocos socios estable que tiene Ankara”.

Menos miramientos parece tener Moscú. Bruselas acusa a Rusia de orquestar campañas con falsedades y rumores para distorsionar la imagen de la Unión entre la opinión pública europea y desacreditar los argumentos de la UE ante la opinión pública rusa.

Las tergiversaciones, según Bruselas, son tan graves y frecuentes que la UE ha creado una unidad especialmente dedicada a contrarrestar la propaganda atribuida al Kremlin. Tan solo existe otra unidad similar en la UE y es como contrapeso al aparato de propaganda del Estado Islámico, lo que da idea de la desconfianza de Bruselas hacia Moscú en materia de comunicación.

La UE también sospecha que el capital ruso se encuentra detrás de la financiación de algunos de los partidos alternativos que han surgido en varios países europeos, en particular, de los de extrema derecha y eurófobos.

Un informe del instituto ECFR (European Council on Foreing Relations) señala que de 45 de esos partidos analizados, la inmensa mayoría, sobre todo en la derecha, son proclives a las políticas del Kremlin.El sesgo pro-Putin aparece desde el Frente Nacional de Marine Le Pen a la extrema derecha de Hungría (Jobbik) o de Grecia (Amanecer Dorado) pasando por AfD en Alemania.

El estudio del ECFR reconoce, sin embargo, que no hay pruebas fehacientes sobre la financiación del Kremlin a la extrema derecha. Hasta ahora, solo se sabe de un préstamo de 9,4 millones al Frente Nacioinal de Marine Le Pen a través de una entidad financiera que, según el EFCR,mantiene vínculos con el Kremlin.

Pero el Kremlin, en todo caso, no se conforma con alentar a los suyos. Alemania teme ataques cibernéticos a su sistema electoral. Y Holanda obligará a los colegios electorales a enviar sus resultados en papel porque no se fía de hacerlo por Internet.

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