La UE, del revés

La cuña de Merkel hace saltar la unidad del club europeo

Aunque parezca lo contrario, la canciller alemana no se conforma con una Europa a dos velocidades

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente de Francia, Francois Hollande, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, durante la pasada cumbre de Versalles.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente de Francia, Francois Hollande, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, durante la pasada cumbre de Versalles.

No. Aunque parezca lo contrario, Angela Merkel no se conforma con una Europa a dos velocidades, una fórmula que ya existe y que permite a los socios europeos avanzar todos en la misma dirección pero a distinto ritmo. La canciller alemana da por superado ese mecanismo, que resulta casi tan complicado y frustrante como la unanimidad. Merkel defiende una vía alternativa para avanzar en paralelo a la UE y sin necesidad de someterse a los Tratados ni a la autoridad de la Comisión Europea. Esa cuña en el modelo tradicional ha quebrado la frágil convivencia del club a unos días de que el 25 de marzo se celebre en Roma el 60 aniversario del nacimiento de la UE.

Champions league y segunda división

Merkel apuesta por una Europa “de círculos concéntricos”, según la definición de Berlín, en la que cada país decida en qué áreas políticas quiere compartir soberanía o alcanzar acuerdos con los demás. Esa Europa a la carta y al margen de la autoridad de Bruselas ha hecho saltar las alarmas en numerosas capitales, desde La Haya a Varsovia, en una trifulca que se escenificó en la cumbre europea del pasado viernes.

Los países pequeños y los de Europa del Este no ven círculos en la propuesta de Merkel sino estratos. Temen una Europa de varias divisiones, con una Champions League en la que figurarían Alemania, Francia y los socios que acepten ser sus satélites; y una segunda división en la que quedarían relegados todos los demás.

Método superado

La propuesta de Merkel, que ha ganado fuerza a raíz del brexit, pretende llevar hasta sus últimas consecuencias el plan anunciado por la canciller en su discurso de 2010 en Brujas. Merkel dio entonces por superado el llamado método comunitario, que otorga a la Comisión el derecho de iniciativa y de guardiana de los Tratados.

La canciller planteó en cambio un “método de la Unión”, basado en el impulso de los gobiernos nacionales. Y no se limitó a enunciar una teoría. La puso de inmediato en marcha. La crisis de Grecia le brindó la primera oportunidad.

Merkel impuso una respuesta al margen de la UE y el modelo se ha mantenido en la creación del fondo de rescate de la zona euro, organismo ajeno a la Comisión Europea.

La jugada se repitió con la unión bancaria. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, impidió una unión basada en el marco comunitario y forzó la creación de estructuras paralelas.

Schäuble adujo que disponía de informes jurídicos que indicaban la imposibilidad de crear una unión bancaria en base al actual Tratado europeo. El servicio jurídico de la Comisión no compartía ese punto de vista. Pero el criterio de Schäuble se impuso aunque, a pesar a pesar de la insistencia de la Comisión en reclamarle sus presuntos informes jurídicos, el ministro alemán nunca los mostró.

Saltan las alarmas

Alemania pretende ahora convertir la jugada de Grecia y de la unión bancaria en el modelo sobre el que construir la nueva Europa como respuesta a la salida del Reino Unido, la primera escisión en la historia del club. Berlín no desea una Europa a dos velocidades, posibilidad prevista ya en el Tratado con el término de “cooperaciones reforzadas”. Esa vía requiere la autorización de la Comisión y la participación, como mínimo, de nueve países. Un proceso tortuoso que apenas permite avanzar.

Las cooperaciones “diferenciadas” que plantea Alemania, en cambio, no figuran en el Tratado y, por tanto, no dependen de la Comisión ni precisan de un mínimo cuórum. Se pueden poner en marcha tan pronto como un grupo de países se pongan de acuerdo.

La política de defensa parece destinada a estrenar a esa nueva vía alternativa. La Comisión se resigna porque en el campo militar no dispone de competencias. Pero en Bruselas y en otras capitales han saltado las alarmas porque temen que, después de la defensa, el modelo se repita en ámbitos como la economía, la fiscalidad, la política empresarial o la social.

Guerra de guerrillas

La movilización para frenar la propuesta de Merkel ya ha comenzado y las primeras escaramuzas se produjeron en la cumbre europea del pasado viernes en la capital comunitaria. De momento, los socios que se consideran potencialmente perjudicados o relegados han empezado a agruparse en función de sus intereses para preparar el contraataque.

Holanda, Bélgica y Luxemburgo, que desean una Europa a varias velocidades pero controlada por Bruselas, ya han tomado la iniciativa para intentar evitar la Europa paralela de Merkel.

Mucho más beligerante es el grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República checa y Eslovaquia), en este caso, porque temen verse relegados. Pero la guerra de guerrillas puede dar paso a un frente común. Holanda ha anunciado su intención de convocar una minicumbre con el grupo de Visegrado y otra con los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania). Una coordinación que se perfila como la respuesta a Berlín y París.

Rajoy, el deseado

Contra todo pronóstico, España se ha convertido en un país deseado por ambos bandos porque defiende una integración más profunda pero no a cualquier precio. Alemania y Francia cortejan al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y le han incorporado junto a Italia al conato de núcleo duro. Merkel invitó a Rajoy a la minicumbre de Berlín para despedir a Barack Obama a finales del año pasado. Y Francia también invitó a España, junto a Alemania e Italia, a la minicumbre de Versalles del 9 de marzo. El pasado jueves, en Bruselas, Rajoy se reunía con el otro bando, tras una solicitud de entrevista del primer ministro holandés, Mark Rutte. Fiel a su estilo, Rajoy no se ha comprometido del todo con nadie. “España está a favor de las cooperaciones reforzadas”, señala una fuente española. “Pero siempre que sean abiertas a todos los socios y con criterios fijados de antemano”. O sea, Rajoy está cerca de Berlín y lejos de Varsovia. Y viceversa.

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