Editorial

Ambición sana en la CNMV

El plan de actividades para 2017 presentado ayer por el presidente de la CNMV, Sebastián Albella, es de tal amplitud que bien supondría trabajo para un lustro. La ambición es una gran virtud cuando tiene mejorar las cosas como objetivo lograble. Es innegable que si las medidas que se adopten se dirigen a lograr un marco normativo de “calidad, competitivo y estable” la supervisión será buena. Mejorar la protección de los inversores en la comercialización de productos complejos, aumentar las dosis de transparencia y dar publicidad a las aperturas de los expedientes sancionadores y que el marco de actuación sea seguro, ágil y predecible son aspiraciones que merecen todo el apoyo. Si a ello se suma la proactividad iniciada para hacer más atractivo el mercado español y contribuir a atraer negocio –en el contexto del brexit y más allá–, la labor del organismo de supervisión e inspección de los mercados y de sus actores estará más completa. Son factores que ha de tener en cuenta el Gobierno en el rediseño de los nuevos órganos reguladores, en el que debe evitar duplicidades –como la que sugiere la referida a la protección de usuarios de servicios e inversores financieros–. Encaminarse hacia el modelo twin peaks, con el Banco de España vigilado la solvencia y la CNMV, la conducta y comercialización de productos no sería un mal rumbo.

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