Contante y sonante

Popular lograría 1.400 millones por la venta de WiZink y TotalBank

Emilio Saracho ha acelerado el diseño de su hoja de ruta y todo apunta a que podría adelantar la junta de accionistas a mediados de abril

Banco Popular
Emilio Saracho, presidente del Banco Popular.

Prometía no defraudar, pero parece que no solo no ha defraudado, sino que ha sorprendido, y eso pese a que los fondos de inversión ni se han inmutado con su llegada a Banco Popular y la acción sigue arrastrándose por debajo del euro. A pesar de ello, la capacidad de trabajo del nuevo presidente de la entidad, Emilio Saracho, ha llamado la atención a conocidos y extraños. La urgencia en diseñar y comunicar la nueva hoja de ruta que guiará el destino del banco en los próximos meses para calmar al mercado y a los supervisores puede que también haya contribuido a acelerar su ritmo de planificación.

Sea como fuere, lo cierto es que Saracho ya tiene bastante esbozado el plan de actuación de Popular, con los mimbres que considera que pueden impulsar su salida del laberinto en el que se encuentra perdido desde hace una larga temporada. Tanto es así que inicialmente se había comentado que se tendría que retrasar a mayo la junta de accionistas correspondiente al ejercicio 2016 (ver CincoDías del 3 de marzo) para tener todo listo para presentar en esta reunión ante los grandes y pequeños inversores su hoja de ruta, o por lo menos las líneas principales de actuación en los próximos meses. Pero como por arte de birlibirloque (es un decir, porque afirma que ha trabajado a fondo para lograrlo), Saracho casi ha conseguido encajar todas las piezas de Popular para sacar al banco del atolladero. Eso sí, siempre que el tiempo acompañe y el negocio bancario logre no solo mantenerse sino mejorar.

De esta forma, es muy posible que al final Popular pueda convocar su junta de accionistas para el próximo mes de abril, justo 12 meses después de celebrarse la anterior (se reunió el 11 de abril).

En este acto, el presidente de Popular asegurará a los accionistas que descarta una nueva ampliación de capital y que intentará mantener independiente la entidad. Para ello tirará de las palancas que tiene el banco: vender activos no estratégicos, impulsar el negocio financiero de la entidad, pata que puede aportar más de 1.000 millones de euros este año, sin tener en cuenta las pérdidas del ladrillo, claro, y sobre todo, su objetivo es desprenderse de la lacra inmobiliaria.

Varias fuentes consultadas aseguran que los fondos de inversión están dispuestos a comprar paquetes de activos de Popular. Saracho, gran especialista en banca de inversión, lleva tiempo inspeccionando potenciales compradores, y parece que lo ha conseguido. Eso sí, previa caracterización de los activos inmobiliarios.

Puede que una de las primeras carteras de la era de Saracho que venda sea una de unos 500 millones de euros compuesta por hoteles y ocio, incluidos algunos apartamentos costeros de lujo. El objetivo es impulsar la venta de activos inmobiliarios incluso más que el plan diseñado por su antecesor, Ángel Ron. Popular cuenta con casi 36.000 millones de euros en activos tóxicos. El reto de Ron era desprenderse de 15.000 millones hasta finales de 2018.

Para llevar a cabo estas enajenaciones, Popular pondrá aún más el foco en la dirección general de negocio inmobiliario y transformación de activos (conocida como nita). Con Ron el plan era que esta unidad redujera un 45% los activos no productivos del banco en tres años. También contemplaba subir la cobertura de morosidad de estos activos por encima del 50%; sin embargo, no logró superar el 40% tras la última revisión del Banco Central Europeo. Ahora la pelota está en el tejado de Saracho, quien debe elevar por encima del 50% estas coberturas solo para igualarse a la media del sector.

Otra de las principales patas de la hoja de ruta de Saracho es la venta de filiales no estratégicas. Este es el caso de su filial estadounidense TotalBank, que le puede aportar más de 500 millones de euros y 100 puntos básicos de ratio de capital. Esta filial tiene varios novios, y ahora la oportunidad de vender un banco en Estados Unidos con plusvalías es lo normal, si no, que se lo digan a Banco Sabadell, que ha logrado 447 millones de euros solo en plusvalías por su pequeña filial en Miami.

Otra sociedad identificada para su posible venta y que puede aportar importantes ingresos es el banco digital WiZink, del que es propietario del 49%. Los analistas cifran su valor entre 2.000 a 2.500 millones de euros. Este banco está integrado por las tarjetas de consumo y revolving adquiridas a Citibank y Barclays España y las del propio Popular y de su socio, el fondo Värde Partners.

Solo con estas dos filiales podría sumar más de 1.400 millones de euros de ingresos, como mínimo. Aunque sigue siendo poco comparado con los más de 3.000 millones de euros de nuevo capital que le reclaman los analistas. Sus activos en Portugal, México y otras filiales también están en venta, pero Popular solo logrará salir de su espiral de caída libre si acelera la venta de activos improductivos. Ampliar capital no debe ni puede. Así, si Saracho no convence con su hoja de ruta, solo queda su absorción.

El último solitario de las Cajas de Ahorros

Amado Franco anunció por sorpresa el 24 de febrero que dejaba la presidencia de Ibercaja, entidad que la que había trabajado 47 años. El ya expresidente de la institución aragonesa tiene 71 años de edad. A diferencia del resto de sus colegas contemporáneos Amado Franco ha decidido retirarse de la vida activa, no pasará a la Fundación Ibercaja, dueña de la entidad financiera.

Bueno, por el momento, ya que varias fuentes aseguran que en unos meses tendrá un asiento libre en la fundación, y está decidido a aceptarlo, o por lo menos eso cuentan en Zaragoza.

Tras la retirada de este ejecutivo, ya solo queda un clásico del sector al frente de una de las antiguas cajas de ahorros, Carlos Egea. Pero sus días como presidente también están contados. Entre junio y julio se llevará a cabo previsiblemente la fusión de Bankia y BMN. Será tras esta operación cuando Egea deje su cargo en BMN.

Con él se cierra una etapa en la historia del sistema financiero español. No quedará entonces ni un solo presidente de una de las antiguas cajas de ahorros que viviera la transición de este sector, aunque algunos están aún sentados en las fundaciones bancarias, dueñas todavía de varias de estas instituciones como son La Caixa, con Isidre Fainé al frente, o Unicaja, con Braulio Medel como presidente de la fundación.

También en poco tiempo, menos del que sus respectivas cúpulas desean, tanto Ibercaja como Unicaja tendrán que someterse a una nueva transformación, deberán cotizar en Bolsa, y pese al rechazo de sus directivos y de sus fundaciones, no hay posibilidades de saltarse este requisito impuesto por Bruselas y por el Banco Central Europeo (BCE). Tienen que cotizar sí o sí. Lo mismo le sucedería a BMN, pero el Estado, dueño del 65% de su capital ha elegido otro destino para esta entidad, su absorción .

Tras la salida Franco y la próxima de Carlos Egea solo queda Fancisco González, presidente de BBVA, como el banciero más veterano. Con 72 años, los estatutos del banco le permiten estar al frente de la entidad hasta los 75 años. Quiere agotar su mandato, pero ya ha designado a su sucesor y el BCE y Banco de España lo saben. Carlos Torres, consejero delegado del banco; José Manuel González-Páramo, consejero ejecutivo de la entidad y Jaime Caruana, presidente del Banco Internacional de Pagos, son los que suenan.

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