Las siete vidas de la City de Londres

El brexit ha desencadenado la carrera por hacerse con los despojos de la City de Londres, uno de los mayores centros financieros del mundo. Pero la historia muestra que el liderazgo de la capital británica ni es por casualidad ni es tan fácil de arrebatar.

La City de Londres, según los historiadores, se consolidó como centro financiero en el siglo XVII y desde entonces ha sufrido altibajos, pero siempre ha logrado reinventarse. En el camino, ha dejado muy atrás a las capitales financieras que le precedieron, como Amberes, Ámsterdam o Hamburgo. Y se codea con tranquilidad con los emporios contemporáneos como Nueva York o Singapur, hasta el punto de que les supera en rankings como el de Long Finance (aquí).

La supremacía londinense no es casualidad, como recuerda Simeon Djankov en un artículo publicado este mes en el Peterson Institute for International Economics (here).

Djankov enumera factores tan variados para el éxito de Londres como las reformas legales aprobadas por los sucesivos gobiernos británicos desde los años 1980 a su huso horario, que le permite tomar el relevo cuando cierra el mercado de Tokio y antes de que abra Nueva York. Y, por supuesto, la preponderancia del inglés como lengua de los mercados financieros.

Pero a favor de Londres juega, sobre todo, su seguridad jurídica, que se ha ganado la confianza de los inversores de todo el planeta. Bajo legislación británica se tuvieron que emitir, por ejemplo, los bonos de Grecia tras la reestructuración de 2012 para que los inversores aceptasen el canje.

Y a todo ello se añade la capacidad de Londres para atraer y formar al personal que trabaja en la City. Europa sólo tiene cuatro universidades entre las 25 primeras del ranking de Shanghái: las cuatro están en la capital británica y sus alrededores.

A pesar de todo, Londres no es inexpugnable y en más de una ocasión ha perdido su supremacía a lo largo de los últimos 300 años. La última, tras la II Guerra Mundial con la extinción definitiva del Imperio Británico y el surgimiento de la hiperpotencia estadounidense.

"En 1954, los activos de los bancos comerciales en Nueva York ascendían a 35.400 millones de dólares frente a los 19.400 millones de Londres", ilustra esa decadencia Christopher Skinner en la recomendable historia de la City recogida en su blog (here).

Pero la campana de la guerra fría salvó a Londres. A orillas del Támesis se desarrolló el mercado de los llamados eurodólares o reservas en moneda estadounidense que países como la URSS no se atrevían a mantener en bancos de EE UU por miedo a la confiscación. La City se especializó como intermediaria de esas reservas.

Londres volvió a perder pie con la revolución bursátil y reguladora que vivió Wall Street en los años 70 y 80. En 1986, recuerda Skinner, el volumen de transacciones en la City era la treceava parte de lo que se movía en Nueva York. Y Fráncfort y París empezaban a postularse como alternativas a la capital británica.

El llamado Big Bang regulador (o desregulador) de 1986, bajo el gobierno de Margaret Thatcher, catapultó de nuevo a la City a la élite financiera mundial. El salto, curiosamente, permitió a Londres convertirse en 1999 en el indiscutido centro financiero de la recién nacida zona euro.

Desde la City se gestiona hoy el 45% de los activos de los fondos de inversión y de pensiones europeos. En la City se realiza el 43% de las operaciones de cambio de divisas en euros. En la City tienen su domicilio europeo más de 250 bancos internacionales. Y en la City, gracias al euro, se encuentran los 15 mayores despachos de abogados del Viejo Continente.

Toda esa riqueza puede estar en peligro por el brexit. Pero no parece probable que Londres vaya a renunciar a ella fácilmente. Ni que las supuestas candidatas a sustituir a la City se encuentren en condiciones de hacerlo rápidamente. En el ránking de centros financieros Fránkfurt aparece en el puesto número 19. París, en el 29. Y Madrid, en el 68. Como en el caso de Londres no debe ser por casualidad.

Vídeo: London Calling, de The Clash:

The ice age is coming, the sun is zooming in
Engines stop running, the wheat is growin' thin
A nuclear era, but I have no fear
London is drowning, and I, I live by the river

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