I+D+i

España está peor que Malta, Chipre o Grecia en innovación

Las empresas privadas deberían doblar su inversión en I+D para estar a la altura de la media europea, según un estudio del IESE.

España está peor que Malta, Chipre o Grecia en innovación

La innovación continúa siendo una tarea pendiente de la economía española. Y aquí, la responsabilidad está repartida entre el sector público y el privado. Según el informe El cambio hacia una España innovadora: el impulso de las multinacionales, realizado por el profesor del IESE Pascual Berrone para la Fundación I+E, la administración pública debería invertir un 25% más en I+D+i para ponerse a la altura de la media europea, mientras que la empresa privada debería incrementar su aportación en un 100%

El estudio, que recoge datos de hasta 21 informes, pone de manifiesto la distancia en materia innovadora con los países del entorno europeo, sobre todo en el caso de la inversión privada, "la que más impacto tiene en la economía", como ha asegurado Berrone. De las aportaciones que llevan a cabo las empresas privadas, el 35,2% procede de las filiales de las compañías multinacionales instaladas en el país. "La posición competitiva de España ha mejorado en los últimos años, así como el contexto económico, pero esto no se ha traducido en una mayor innovación", explicó Berrone. Esto hace que España se sitúe, según el ranking Innovation Union Scoreboard 2016 realizado por la Comisión Europea, en el pelotón de países considerados como "innovadores moderados", a la altura de Hungría y Eslovaquia y por debajo de Grecia, Malta, Portugal, Italia, Estonia o Chipre. Además, está entre los siete países que han reducido su capacidad innovadora en los últimos diez años.

Virtudes y defectos

El informe divide su análisis en tres elementos: los recursos disponibles para la innovación; los facilitadores que transforman esos recursos en innovación efectiva, y la obtención de resultados. En la mayoría de parámetros que componen estos apartados, España se encuentra por debajo de la media de los países de la OCDE, aunque hay algunos aspectos positivos. Uno, relativo a los recursos, es la disponibilidad de científicos e ingenieros con una preparación adecuada, además de una penetración de la banda ancha por encima de la media. En lo demás, suspenso: en la calidad de las instituciones científicas, en la calidad de la educación en ciencias y matemáticas, en recursos financieros, gasto público y privado en I+D o disponibilidad de capital riesgo.

En cuanto a los facilitadores de innovación, España está peor que la OCDE en todo: en capacidad de innovación y absorción tecnológica de las empresas, o regulaciones o actuaciones del sector público que dificultan la innovación. En este punto, la presidenta de HP España y de la Fundación I+E, Helena Herrero, pidió "hacer fácil lo que parece difícil", reclamando incentivos fiscales a la innovación que sean "certeros", y no que estén vinculados a la obtención de beneficios, ya que "la innovación no es una inversión de retorno inmediato".

En lo que se refiere a los resultados de esa innovación, España está a la altura de la OCDE en exportaciones de productos de media y alta tecnología, y en ventas derivadas de la innovación de productos y para la empresa. Pero flaquea en puestos de trabajo ligados a I+D, registro de patentes, o ingresos internacionales derivados de esas patentes. 

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