Editorial

Nueva etapa en Popular

El nombramiento, ayer, de Emilio Saracho como nuevo presidente de Banco Popular abre una nueva etapa en una entidad que ha declarado pérdidas récord cercanas a los 3.500 millones de euros al cierre de 2016 y que ha sufrido un duro castigo del mercado. La junta de ayer puso de manifiesto el descontento de numerosos accionistas minoritarios, cuyas acciones se han ido devaluando, en parte por la dilución que han generado las sucesivas ampliaciones de capital llevadas a cabo en los últimos años. Los problemas del Popular, no hace tanto uno de los bancos más rentables, arrancan de su entrada masiva en el mercado inmobiliario antes del pinchazo de la burbuja. Su fuerte posición en el mercado de pymes no alcanza a compensar ese lastre.

Saracho, banquero de prestigio que ocupaba la vicepresidencia de JP Morgan, debe demostrar que es capaz de enderezar el rumbo de la entidad sin provocar más pérdidas a los accionistas. La venta de activos (como la filial estadounidense TotalBank o la división de banca privada) formará previsiblemente parte de su plan, que podría no ser suficiente para evitar una nueva ampliación de capital por la que apuesta el mercado. No es fácil el desafío, en el que está en juego no solo el valor del banco, sino su pretendida independencia.

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