Editorial

La reforma permanente de las pensiones

Hay que buscar las herramientas técnicas para armar el consenso y dar continuidad a uno de los retiros públicos más generosos de Europa

La reforma permanente de las pensiones

La mayoría de los políticos comparte la exclusión de las pensiones de la refriega política y electoral, pero si la necesidad de modificaciones en el modelo de retiro coincide con una visita a las urnas, admiten que es un material irresistible para afear la conducta del adversario y tratar de obtener ventajas puntuales. Pero desde la transición democrática el diapasón de la confrontación ha ido bajando de intensidad, y si en 1985 los socialistas hicieron en soledad política la primera gran reforma del sistema de pensiones, provocando incluso la ruptura con sus aliados sindicales naturales, en los noventa el consenso abrazó en el Pacto de Toledo a todas las fuerzas parlamentarias con vocación de Gobierno, y tal compromiso, con grados de implicación diferentes, se ha mantenido hasta ahora. El PP no apoyó la reforma socialista de 2011, ni el PSOE la popular de 2013, pero ambos las consideran ahora necesarias. Y la voluntad es prolongar el compromiso para atender la reforma urgente que se precisa para esquivar la falta de recursos inminente, y cuantos cambios haya que acometer en el futuro, a juzgar por lo expresado ayer en el foro sobre El sistema de pensiones: aportaciones a un debate, organizado por CincoDías, y en el que tomaron parte representantes del Gobierno, del PSOE y de Ciudadanos. Más allá de las aportaciones técnicas que se precisan en la Seguridad Social, todos coincidieron en el diálogo y en el compromiso para preservar el modelo público, para el que se precisa, como muy bien recordó el presidente del CES, Marcos Peña, una “conducta reformista permanente”.

Llegar a tal conclusión supone tener superado el primer obstáculo, quizás el más complicado con una situación parlamentaria tan particular y con el PSOE, clave para la gobernabilidad, buscando su sitio en el futuro. Ahora hay que buscar las herramientas técnicas para armar el consenso y dar continuidad a uno de los retiros públicos más generosos de Europa, del que depende un tercio de la población ahora, y una proporción creciente en el futuro por una lógica vegetativa que augura para España los niveles más elevados de envejecimiento demográfico.

La Seguridad Social se garantiza recuperando unos niveles de cantidad y calidad del empleo que sean compatibles con un ritmo acelerado de crecimiento de los pasivos y de sus prestaciones, y eso solo lo proporciona el crecimiento económico. En paralelo precisará de nuevos estímulos a la natalidad, de políticas migratorias generosas y de un cambio decidido en el modelo productivo, aunque sea lento, para proporcionar al factor trabajo una acumulación de productividad creciente que genere riqueza para ser redistribuida entre niveles de renta y entre generaciones, que eso es la Seguridad Social, sin olvidar el fomento de los planes complementarios, tanto intelectual como fiscalmente, que aliviarán la presión sobre el sistema público.

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