Editorial

Social Point y el esfuerzo rentable

Hay una tendencia, tan extendida como inexacta, a considerar el emprendimiento como una salida para combatir el paro individual. Sin descartarlo, es solo la punta del iceberg. Porque el fin de un proyecto empresarial bien planteado va mucho más allá: pasa por convertir una idea en realidad, poner en el mundo nuevos productos o servicios, superar lo conocido y crear, en fin, riqueza y cuanto más empleo, mejor. En ese sentido, bienvenido sea el cambio de mentalidad que se palpa entre los jóvenes españoles, que pierden el miedo a crear sus propias startups, frente a la no muy lejana aspiración generalizada de ser funcionarios al abrigo del Estado. De lo acertado de esa forma de encarar el futuro habla la operación conocida ayer, por la que el gigante estadounidense de videojuegos Take-Two ha comprado por 230 millones de euros la española Social Point, creada por tres jóvenes en 2008 con un préstamo familiar de 60.000 euros. Social Point, desarrolladora de juegos como Dragon City o Monster Legends, ya ocupa a 270 empleados y vende en medio mundo. Y solo es un ejemplo más de historia de éxito de una startup española, y con rentabilidad estratosférica. Pero es cardinal que no se vea como un pelotazo, sino como el resultado del esfuerzo y la innovación, y que esa fiebre prenda en el ADN de los jóvenes.

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