Automoción

La automoción en Canadá teme también la presidencia de Trump

Las automovilísticas negocian a ambos lados de la frontera entre Canadá y EEUU una respuesta ante la posibilidad de renegociación del tratado de libre comercio Nafta del presidente Trump

Reunión de Donald Trump con los presidentes de las tres automovilísticas más grandes de EEUU
Reunión de Donald Trump con los presidentes de las tres automovilísticas más grandes de EEUU REUTERS

Las amenazas del nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, a las automovilísticas que producen en México, la efectiva construcción del muro en la frontera entre ambos países y la posibilidad de que Trump abra el tratado de libre comercio entre los países de América del norte preocupa no solo a las autoridades mexicanas y a las industrias del motor sitas en el país sino también a los canadienses.

Las automovilísticas y la industria auxiliar con fábricas a ambos lados de la frontera entre EEUU y Canadá ya están iniciando las negociaciones con la Administración estatal y con las autoridades municipales para coordinar una respuesta conjunta al presidente Trump. Su preocupación es que se ponga en duda “un tratado que es crucial para el desarrollo de la industria”.

La industria en conjunto se ha estado reuniendo en las últimas semanas para “concretar un análisis exhaustivo del altísimo nivel de integración de esta industria a ambos lados de la frontera y comó el libre comercio es clave para la competitividad de los fabricantes por todo Norteamérica”, tal y como explicó Don Walker, consejero delegado de la empresa especializada en componentes para la industria de la automoción Magna Internacional, una de las más grandes del sector a nivel mundial. El consejero descartó desvelar quiénes han estado presentes en las conversaciones.

“Somos una industria totalmente integrada y ni Canadá ni EEUU (ni México, en este caso) quieren reducir la eficiencia de la cadena completa de producción”, señalaba Walker ayer en una rueda de prensa en Toronto. “Queremos asegurarnos que no pasa nada que pueda incrementar nuestros costes inadvertidamente”, explicó. 

Las palabras de Walker no son más que una muestra de cómo los fabricantes de coches contienen la respiración ante los cambios que la administración Trump quiere introducir en el tratado Nafta. El presidente ya advirtió el pasado domingo de que comenzará a renegociar el acuerdo, a través de sus representantes, que ya están en conversaciones con las autoridades a ambos lados de la frontera. Pero la peor de las amenazas es la promesa de establecer altas tasas arancelarias a las compañías “que trasladen empleos fuera de EEUU”.

Para Walker y en general, para la industria del motor, una tasa aduanera entre Canadá y EEUU “no tienen ningún sentido” si se tiene en cuenta “el amplio trasvase entre industrias y componentes de ambos lados de la frontera, un “punto de vista que compartimos con los altos ejecutivos de los estados fabricantes de vehículos como Michigan, Ohio e Indiana”, explicó el consejero delegado.

El apoyo de estos estados resultó clave para la candidatura de Trump y su nombramiento final porque se ganó el voto obrero con la promesa de recuperar los empleos que se han deslocalizado a otros países en los últimos años. Pero tampoco es positivo para la industria mantener los acuerdos entre Canadá y EEUU y dejar aislado a México porque, según explicó Walker, “el país azteca proveé de mano de obra y fabrica componentes que utilizan las factorías de EEUU y Canadá”. “Lo que no dejen comprar allí, habrá que buscarlo en China”, destacó.

Expertos rechazan las nuevas fábricas

Por otro lado, los expertos en la industria de la automoción estiman que los fabricantes enfrentan las exigencias del presidente Trump “en uno de los peores momentos para ejecutar esas inversiones”. El presidente requirió a las tres grandes fabricantes, Ford, GM y FCA, que construyan nuevas fábricas en EEUU ante la amenaza de colocar tasas arancelarias en EEUU.

“Es un escenario de pesadilla para las automovilísticas, a las que exigen altas inversiones manufactureras ante un entorno mundial de estancamiento o caída de las ventas”, señaló Dan Luria, analista especializado consultado por Bloomberg.

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