Nueva etapa en el sexto banco español

Las alternativas de Popular para limpiarse de ladrillo

Los analistas esperan que Saracho impulse la venta de carteras a fondos

Banco Popular

Banco Popular encara el inicio de una nueva era que se sustanciará en la sustitución de Ángel Ron en la presidencia por Emilio Saracho, hasta ahora vicepresidente mundial de JP Morgan Chase, al que a comienzos del próximo año entregará el testigo del banco y de su actual cruzada por limpiar sus balances de ladrillo y créditos fallidos. La entidad, que mantiene de momento una ambiciosa estrategia de saneamientos, potenciará todas las vías alternativas a fin de librarse de su pesada losa y volver a respirar.

De momento, las esperanzas siguen puestas en el denominado proyecto Sunrise, la creación de un banco malo propio en el que Popular aspira a segregar unos 6.000 millones de euros seleccionados de entre sus activos improductivos. Para que la medida sea efectiva, no obstante, la entidad debe desconsolidar la carga de su balance por lo que maneja la posibilidad de sacarlo a Bolsa.

El proyecto, sin embargo, está bajo la lupa del Banco de España, el Banco Central Europeo y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que deben constatar si la fórmula descarga realmente al banco del riesgo y la reducción de su exposición inmobiliaria no es solo aparente.

Triunfe o no el proyecto Sunrise, permitiría rebajar una quinta parte de la carga problemática de Popular, la entidad afronta la necesidad de apostar por la venta de grandes carteras a inversores institucionales o fondos de inversión.

Hasta la fecha, la profesionalización de la inmobiliaria Aliseda había permitido acelerar el ritmo de venta de inmuebles a particulares –que pasó de ser prácticamente anecdótica en comparación a la operativa del resto de grandes bancos españoles a saldar unos 500 millones al trimestre– pero la venta de grandes carteras es una asignatura pendiente para Popular.

Es ahí donde los analistas coinciden en señalar que habría que poner el foco ahora y donde asumen que el desembarco de Saracho puede marcar la diferencia. “El futuro presidente (...) cuenta con una dilatada experiencia en el sector financiero”, subrayan los analistas de Bankinter, que asumen que su nombramiento genera “la expectativa de una mejora en el plan estratégico del banco, o una ejecución más rápida del mismo y la reorganización completa de la entidad”.

“Como el nuevo presidente tiene un perfil muy de banca de inversión, podría ser de gran ayuda para que salgan adelante ventas en bloque de activos inmobiliarios más allá de las ventas” a minoristas, expone Nuria Álvarez, analista de Renta 4. Además, el mercado espera un repunte general de este tipo de operaciones en los próximos meses tras un año de relativa parálisis marcado, por la incertidumbre en torno a la formación de un Gobierno en España, aprovechando además la tímida pero progresiva recuperación de los precios inmobiliarios.

Con todo, los fondos más activos en la compra de carteras exigen importantes descuentos y Popular mantiene un ratio de cobertura baja en comparación al resto del sector (con provisiones por cerca de un tercio de la carga total frente al 50% del resto de grandes bancos, a cierre de septiembre), lo que le haría incurrir en sustanciosas pérdidas.

Un terreno delicado para una entidad que podría tener que acudir a su cuarta ampliación de capital en apenas un lustro si quiere superar la indigestión de cemento y créditos fallidos y seguir adelante en solitario. Los analistas de Alantra (la antigua N+1) estiman que la entidad puede requerir 2.200 millones más de provisiones, lo que requeriría ampliar capital en 2.000 millones.

Entre los puntos a favor de la entidad está el hecho de que el 53% de su cartera de activos adjudicados son inmuebles terminados, el activo más valorado y con más salida. Además, fuentes del sector financiero indican que la calidad del activo de Popular, que ha tardado más que sus competidores en empezar a vender a ritmos industriales, es superior a la de otras entidades.

Eso incluiría el 44% de stock que tiene en suelos, la carga más difícil de vender, o el 3% restante de obras sin concluir. El propio banco asevera que un 14% de su stock es premium, un 52% de calidad media y solo un 34% de perfil normal.

Finalmente, Popular no puede permitirse descuidar el canal de venta a particulares, que le proporciona un goteo constante de operaciones. Hasta el momento, la entidad tenía previsto recuperar el control de su inmobiliaria, Aliseda, que externalizó vendiendo el 51% al consorcio de fondos formado por Värde Partners y Kennedy Wilson. Está por ver el efecto que tendría una operación que le había permitido profesionalizar la venta de pisos.

Sareb, de fuente de inspiración a último recurso

La creación del banco malo de Popular, el proyecto Sunrise, tiene clara inspiración en Sareb, que la entidad conoce a fondo porque es uno de sus principales accionistas privados desde su fundación. Paradójicamente, además de guía para impulsar su “plan A”, el banco malo estatal es también el último recurso de Popular. En caso de que todas las alternativas fallen y el banco termine siendo absorbido por una entidad financiera que no esté dispuesta a heredar su enorme carga tóxica, podría ser necesario acudir a Sareb para limpiar el balance del banco antes de adjudicarlo. Varios analistas destacaban el jueves, cuando el consejo de Popular decidió sustituir a Ángel Ron, que desaprovechó en su día la oportunidad de depositar allí los activos improductivos con que aún carga el banco. Pero en realidad esta vía que sigue abierta. Al menos, la legislación así lo permite. El Real Decreto 1559/2012, de 15 de noviembre, define la función de la sociedad de gestión de activos y detalla que “su cometido es permitir la concentración en una sociedad de aquellos activos considerados como problemáticos o que puedan dañar el balance de las entidades, facilitando de este modo su gestión y logrando que, desde su transmisión, se produzca una traslación efectiva de los riesgos vinculados a estos activos”. “Esta regulación será de aplicación, con la pertinente vocación de permanencia, a todos aquellos supuestos, presentes o futuros, en los que la reestructuración o resolución de una entidad de crédito”, requiera de su uso. De hecho, la norma contempla la creación de nuevos bancos malos ad hoc si fuera necesario puesto que Sareb “se crea en este momento para afrontar la actual crisis financiera” pero el modelo “será de aplicación en todas y cada una de las situaciones en que fuera necesario”. Sin embargo, esta opción supondría la asistencia pública de la entidad, una vía políticamente compleja y que habría que ver si Bruselas acepta, con lo que se considera la última bala en la recámara si todo lo demás falla.

Normas
Entra en El País para participar