Banca

Las claves de la caída de Ron y los desafíos de su sucesor

Popular no ha resuelto aún el problema del lastre del ladrillo en balance

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La grave división interna surgida en el consejo de administración de Banco Popular ante el imparable derrumbe de la cotización del banco ha terminado por costarle la cabeza al presidente Ángel Ron. El consejo aprobará hoy el nombramiento de Emilio Saracho, actual vicepresidente global de JP Morgan, como nuevo presidente y lo hará por unanimidad, según el comunicado remitido a la CNMV. La entidad intentará poner así freno a la gran desconfianza con que los inversores observan a Banco Popular, que se desfonda este año en Bolsa el 67% pero que han recibido la marcha de Ron con un repunte que ha llegado esta mañana al 9,9%

¿Cuáles son las razones para el relevo de Ron?

Su figura comenzó a ponerse en cuestión cuando el banco anunció el pasado mes de mayo una ampliación de capital por 2.500 millones de euros, la segunda desde 2012, cuando realizó una por idéntica cuantía con la que la entidad evitó la inyección de ayudas públicas. Pero la decisión anunciada la pasada primavera mostró que Popular había cerrado en falso la crisis del ladrillo y que, concluido ya hace tiempo el rescate a la banca española, su balance seguía lastrado por un elevado volumen de activos improductivos, entre créditos morosos e inmuebles adjudicados, por un total de 34.000 millones de euros.

La presión del mercado ya comenzó entonces, al que no ha convencido todavía ni la llegada de Pedro Larena como nuevo consejero delegado, poco después de la ampliación de capital, ni la puesta en marcha de un plan de ahorro de costes con ajuste de plantilla y oficinas ni, sobre todo, el plan de segregar los activos tóxicos y sacarlos fuera de balance con una previsible colocación en Bolsa, el denominado proyecto Sunrise y con el que el banco debe resolver su punto más débil, la exposición al sector inmobiliario.

El derrumbe de la acción comenzó a acentuarse tras la presentación de resultados del tercer trimestre,  cuando el banco anunció que destinaba todo el beneficio a provisiones y que podría cerrar el ejercicio con una pérdida de 2.000 millones de euros. Las posiciones cortas no han parado de aumentar desde entonces, hasta alcanzar un máximo del 9% del capital, en paralelo a los movimientos iniciados por uno de sus principales accionistas, el mexicano Antonio del Valle, dirigidos a buscar un relevo a Ron y que han sido determinantes para su salida.

¿Qué papel ha jugado Del Valle en la crisis de Popular?

La familia del Valle entró en el accionariado de Banco Popular en 2013 con una participación del 6% que a día de hoy deja fuertes minusvalías. Esta pérdida ha sido el detonante para la búsqueda de iniciativas que dieran un nuevo rumbo al banco. Así, del Valle inició contactos con Banco Sabadell para tantear una fusión, para lo que contó con el apoyo del accionista del banco catalán, el colombiano Gilinski, que acaba de rebajar su peso en el capital y que igualmente sufre minusvalías en su apuesta por la entidad que preside Josep Oliu. La opción de la fusión no encontró eco ni en la directiva de Popular ni tampoco en la de Sabadell, que habría sido la parte fuerte de esta unión.

La posición crítica en el consejo y la búsqueda de apoyos para derrocar a Ron ha sido el siguiente paso dado por Del Valle, a la vista de que la acción había entrado en barrena y se ha asentado ya con claridad por debajo del euro por acción. Con un plan aún por concretar y con la confianza perdida de los inversores, Popular amenazaba con empezar a replicar la incierta marcha de Monte dei Paschi.

Del Valle ha logrado apoyos en el consejo de administración de Popular, entre ellos los de Reyes Calderón, consejera independiente y responsable de la comisión de nombramientos, el del videpresidente del banco José María Arias (expresidente de Banco Pastor, que fuera absorbido por Popular), y el de la consejera independiente Helena Revoredo. Además, la crisis abierta ha sembrado también las dudas en un accionista histórico de la entidad como Allianz.

¿Qué desafíos esperan ahora a Emilio Saracho?

El más urgente es aplacar los ánimos del mercado respecto a Popular y su plan estratégico, algo que la figura del nuevo consejero delegado está muy lejos de haber logrado por el momento. Saracho se encontrará el banco con un proceso de recorte de plantilla ya cerrado, tras el acuerdo con los sindicatos por el que el número de trabajadores se reduce en 2.592 y con el ajuste del 65% de red previsto completado, pero con la gran tarea por delante de resolver el problema del ladrillo en balance.

El plan diseñado para ello por Ron es la reducción de los 34.000 millones de euros en activos improductivos actuales en 15.000 millones para finales de 2018, un objetivo ambicioso y que despierta las dudas de los analistas a la vista de los niveles de ventas de inmuebles logrados hasta ahora. Pieza clave de ese adelgazamiento es el proyecto Sunrise, la segregación de unos 6.000 millones de activos tóxicos en una suerte de banco malo con el propósito de que cotice en Bolsa, aunque para ello, y para ganarse el favor de los accionistas, deberá incorporar no solo los activos que más lastran el balance, como el suelo, sino otros más atractivos. Para esta tarea, Popular cuenta con el apoyo de Deutsche Bank, Apollo, Cerberus, JP Morgan, Morgan Stanley, Credit Suisse (CS) y Citigroup.

Saracho, con amplia experiencia en banca de inversión y no tanto en banca comercial, el foco tradicional de negocio de Popular, deberá resolver ahora la duda de si desarrollará el proyecto de Ron aprobado por el consejo y que apuesta por la continuidad del banco como entidad independiente. De lo contrario, el destino de Popular terminará siendo una fusión.

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