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La lógica ilógica de elegir a Steven Mnuchin

El nuevo secretario del Tesoro de EE UU está bien preparado, pero desentona entre el resto de nombramientos de Trump

Steve Mnuchin, ayer en la Torre Trump (Nueva York).
Steve Mnuchin, ayer en la Torre Trump (Nueva York).

Donald Trump ha hecho una elección lógica e ilógica para su primer secretario del Tesoro. El pasado de Steven Mnuchin en Wall Street irritará a los demócratas. Pero a diferencia de otros elegidos por Trump, no es ni un ideólogo ni un populista. Además está bien preparado para el trabajo, no es partidista, y es relativamente reservado.

La carrera de Mnuchin como financiero no se lo pondrá fácil de cara a las revisiones de nombramientos del Senado. Pasó 17 años en Goldman Sachs, hasta que en 2002 creó su propio hedge fund, Dune Capital, que ayudó a financiar películas como Avatar. Junto a otros inversores, obtuvo un beneficio del 150% en cinco años con la compra del banco quebrado IndyMac, rebautizado como OneWest Bank. Lobbies como el grupo activista Take on Wall Street ya están criticando la designación, en parte por las acusaciones de que las ejecuciones hipotecarias de OneWest Bank eran demasiado agresivas.

Ha aportado dinero a las campañas de Obama y otros candidatos demócratas

Los republicanos, sin embargo, tienen la mayoría necesaria para confirmar el nombramiento. Y el color de Mnuchin no es del todo rojo republicano. Ha dado dinero varias veces a Charles Schumer, el próximo líder de los demócratas en el Senado. Donó a la primera campaña presidencial de Obama, y reunió dinero para la también demócrata Kamala Harris, recién elegida senadora por California.

Hace poco incluso lanzó la idea de crear un banco de infraestructuras, un plan antes propuesto por Hillary Clinton. Es por tanto una designación más pragmática que, digamos, la del fiscal general Jeff Sessions o la del secretario de Salud y Servicios Sociales Tom Price. Eso podría ayudarle mientras impulsa algunos de los principales objetivos de Trump para su primer año, como la revisión del código tributario, el gasto en infraestructura y un presupuesto gubernamental que podría aumentar sustancialmente la deuda nacional.

Mnuchin también tiene la cualidad, escasa en Washington, de que no busca ser el centro de atención, lo cual podría gustar a los legisladores ansiosos de apuntarse éxitos regulatorios. Todo ello es un buen augurio para la política fiscal de Estados Unidos.

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