Editorial

Plan realista para las infraestructuras

Los planes faraónicos de inversión tienen una característica invariable: se cumplían solo en el Antiguo Egipto. Y no todos. Cuando además son de carácter público, a muy largo plazo y sin la financiación programada, lo habitual es que se queden en meros marcos de actuación, que no es poco, y en objeto de debate que los políticos locales convierten en más apasionado cuanto más cerca está un proceso electoral. En este contexto, y mientras la economía española se esfuerza en encarrilar la recuperación tras la larga y profunda crisis que ha paralizado obras sin cuento, el PITVI (Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda), diseñado por el Ejecutivo del PP para el periodo 2012-2024, es el escenario formal con que hoy cuenta España. Y este como un paso adelante sobre el PEIT (Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte 2005-2020), diseñado en su momento por el Gobierno del PSOE. Igual que ocurrió con este último, el PITVI, con proyectos valorados en 138.000 millones, se quedó en utopía. Ahora el nuevo responsable de Fomento, Íñigo de la Serna, ha emprendido la labor de adaptar la planificación nacional en infraestructuras y la estrategia de transportes a la realidad. No es mal principio que busque el máximo consenso político, como ha anunciado. Pero igual de importante será que la planificación se base en objetivos realistas, es decir, que se haga con los pies en el suelo.

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