Industria

Llegan los nanofármacos ‘made in Spain’

La primera fábrica del país adecuada a esta tecnología abrirá en 2017

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Aspecto de una parte del laboratorio en el que se fabricarán nanofármacos.

El que será el primer laboratorio español con capacidad para producir nanofármacos ya se está construyendo en San Sebastián. Las obras concluirán a principios de 2017 y, si todo va sobre lo previsto, conseguirá acreditarse para empezar a funcionar a mediados de año. Llama la atención que un país pionero en nanomedicina nunca haya sido capaz de acabar el proceso entero. Hasta ahora, las ayudas a la investigación en esta materia estaban muy enfocadas al desarrollo de la I+D. Faltaba el último empujón para no tener que llevarse la producción al extranjero.

“A escala de laboratorio ya se podía hacer de todo. Pero la UE se dio cuenta de que las empresas dedicadas a la nanomedicina no lográbamos dar el paso final que nos llevara a los ensayos clínicos”, explica Ana Isabel Jiménez, directora de Sylentis, firma perteneciente Pharmamar.

La de Jiménez es una de las dos compañías (la otra es la holandesa Chemtrix) pertenecientes a grupos cotizados que participan en el proyecto Nanopilot de la Unión Europea, enmarcado en el Horizonte 2020 y financiado con siete millones de euros. En dicho programa, que arrancó en 2015 y durará cuatro años, participan diez socios de seis países. Cuatro de ellos, incluido el líder del proyecto, son españoles. Como dato reseñable, el 85% del personal son mujeres.

Llegan los nanofármacos ‘made in Spain’
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El centro tecnológico Ik4-Cidetec de San Sebastián es quien lidera Nanopilot. Son ellos, de hecho, quienes se están encargando de construir la planta que albergará las instalaciones para producir nanofármacos. La Universidad de Santiago de Compostela, la consultora Mejoran y la ya citada Sylentis completan la alineación española del equipo, en la que participan centros de investigación y empresas de Irlanda, Francia, Alemania y Finlandia.

“A una planta grande, cambiar todo el modelo productivo para fabricar un compuesto que requiere maquinaria muy específica y del que solo se van a hacer lotes muy pequeños, de un litro como mucho, no le interesa”, indica Carolina Egea, directora de desarrollo de negocio de Mejoran. Como las plantas industriales no están preparadas para desarrollar estos productos, Bruselas apostó por poner dinero para impulsar unas instalaciones de las que se beneficiarán centros de investigación de toda Europa.

El proyecto no solo contempla el desarrollo de la fábrica, sino su validación con la producción de tres tipos de nanofármacos distintos. El de Sylentis es una nanoformulación para el tratamiento tópico del síndrome del ojo seco. La Universidad de Santiago de Compostela, por su parte, quiere testar una nanovacuna para el HIV de administración intranasal, mientras que la Universidad de Galway desarrolla un tratamiento para la cistitis que se administra por sonda. En cuanto al socio noruego del equipo, está elaborando una tecnología microfluídica que servirá para optimizar y mejorar la producción de nanofármacos.

“Nosotros, que venimos trabajando desde hace tiempo en nanomedicina, estamos muy interesados en poder usar estas instalaciones. Cuando acabe el proyecto nos quedaremos como clientes de los dueños de la fábrica, eso seguro”, sentencia Jiménez.

¿Qué beneficios ofrecen las terapias basadas en esta técnica?

Hace años que se habla de la nanomedicina como una de las tendencias que marcarán el desarrollo de la medicina del futuro. Aunque habría que hablar mejor del presente, ya que los nanofármacos ya se están administrando con éxito en muchas patologías.

¿Qué aporta la nanomedicina que no pueda resolver la medicina convencional? Ante todo, precisión. “La nanomedicina nos permite dirigir el fármaco al tejido diana, incluso a la célula objetivo”, describe Ana Isabel Jiménez, directora de Sylentis. “Los nanofármacos no dejan de ser una especie de esferas, unos polímeros con un principio activo, que queda protegido hasta que llega a destino”, explica. Eso permite que la molécula no entre en acción hasta el momento en que sea necesario que lo haga, por lo que puede completar viajes por zonas complicadas del cuerpo, como por ejemplo el estómago, sin perder efectividad.

Como consecuencia, si estos fármacos consiguen dar de forma certera en las células que necesitan atacar, las dosis que requieran los pacientes decrecen, mejorando notablemente en muchos casos su calidad de vida. De ahí que la nanomedicina se esté desarrollando mucho en especialidades como la oncología.

Sylentis, que está trabajando en una solución para el síndrome del ojo seco, cambiará notablemente los hábitos de sus pacientes: de echarse unas gotas cada hora a administrarse el nanofármaco una vez a la semana.

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