Editorial

Una fiscalidad que no frene la recuperación

Una fiscalidad que no frene la recuperación

El colectivo de asesores fiscales –representado por Aedaf– ha presentado un documento exhaustivo en el que reclama al Gobierno una política tributaria que no obstaculice la recuperación económica. Los asesores piden al Ejecutivo que no eleve la presión impositiva, que amplíe las deducciones en la tributación de las empresas, que establezca un tope máximo en el IRPF y que suprima el Impuesto sobre el Patrimonio. El análisis de Aedaf argumenta que una subida de impuestos en España en este momento se traduciría únicamente en un aumento del fraude y mermaría el crecimiento. Bajo la premisa de avanzar hacia un sistema “más justo, eficaz y predecible”, el colectivo reclama una reforma económica global que incentive la actividad empresarial y los salarios y arremete, por el contrario, contra cualquier elevación de la carga fiscal. “Un mayor porcentaje sobre una base pequeña no supone una recaudación relevante”, recordaba ayer su presidente, José Ignacio Alemany. La receta de Aedaf pasa precisamente por ensanchar las bases imponibles y no por elevar los tipos, especialmente en el caso de las rentas del trabajo por el negativo efecto que ello tiene sobre el consumo. Respecto al IRPF, el impuesto más importante para la recaudación, la propuesta pide que se fije por ley un tipo marginal máximo que no supere el 50%. Pese a que actualmente, ese gravamen se sitúa en general en el 45% (hay algunas comunidades en las que llega al 48%) antes de la reforma fiscal de 2015 había autonomías, como Cataluña o Andalucía, donde se aplicaba un confiscatorio 56%.

Los planes avanzados por Mariano Rajoy en materia fiscal coinciden con esta hoja de ruta en lo que se refiere a no tocar los dos grandes impuestos del sistema: IRPF e IVA. Sin embargo, el Gobierno estudia una revisión de los beneficios fiscales y de la maraña de deducciones que contempla el Impuesto sobre Sociedades y que, especialmente en el caso de las grandes empresas, permite optimizar la factura fiscal a una escala impensable para una pyme. Sin duda es cierto que en una coyuntura de recuperación y crecimiento, la mejor receta tributaria consiste en no elevar de ninguna forma la presión fiscal y evitar perjudicar el consumo, la inversión y los beneficios empresariales. Pero España se halla inmersa en un proceso de consolidación fiscal tutelado por Bruselas y debe cumplir, como el resto de las economías europeas, con un exigente calendario de reducción del déficit público. Pese a las buenas previsiones que maneja el Ejecutivo en materia de crecimiento, no es prudente fiar los compromisos a una evolución al alza de la economía que puede verse perturbada por los riesgos globales. En ese escenario, las cuentas exigen optimizar la recaudación y probablemente retocar, con el menor impacto posible en la actividad y el empleo, impuestos y cotizaciones.

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