Editorial

Otro tono para la nueva etapa política

Rajoy no fue muy concreto porque no podía serlo. Pero sí apuntó sus prioridades

Mariano Rajoy, ayer durante el debate de investidura.
Mariano Rajoy, ayer durante el debate de investidura.

El discurso de investidura de Mariano Rajoy no incluyó un programa detallado de lo que hará su nuevo Gobierno si, como está previsto, el sábado se aprueba su candidatura con la abstención de la mayoría de diputados del PSOE. Sí se percibió en el todavía presidente en funciones un tono muy distinto al que él mismo mostró en su intento anterior, a finales de agosto. Esta vez reiteró una y otra vez su disposición a los acuerdos, a ceder ante otros grupos, a la necesidad de ganarse la gobernabilidad cada día. “Tengan la absoluta certeza de que sabré interpretar lo que han dicho los españoles”, proclamó.

El cambio de discurso era necesario después de que el PSOE haya recorrido un traumático camino para desbloquear la situación política española, un ejercicio de responsabilidad que requería algo más que palabras de agradecimiento de un PP que en la legislatura anterior no tuvo interés alguno por los grandes acuerdos. La sensatez se abre así paso en beneficio del interés del país, pues todavía es difícil calibrar el precio de este año de parálisis. El bien nacional obligaba a dejar que se ponga en marcha el único Gobierno viable, el que presidirá Rajoy con el único apoyo expreso de Ciudadanos y Coalición Canario, sin sumar los 176 diputados de la mayoría absoluta.

Rajoy, entonces, no fue muy concreto porque no podía serlo. Pero sí apuntó sus prioridades. Entre ellas, “perseverar” en la política económica y en las reformas que, destacó, han permitido recuperar la creación de empleo. No esquivó el ineludible debate sobre las pensiones, aunque se limitó a reiterar su objetivo de alcanzar los 20 millones de empleos para reforzar el modelo. Ojalá se cumpla ese objetivo, pero no bastará el ritmo actual de aumento de la ocupación para asegurar el sistema, que agotará la llamada hucha en 2017 y que seguramente requiera reformas mucho más profundas.

Mención aparte merece la política presupuestaria. Rajoy recordó lo perentorio de cumplir los compromisos europeos, en referencia al ajuste adicional que exige la Comisión para cumplir los objetivos de déficit. Este es un asunto delicado, porque un Gobierno en minoría no tendrá nada fácil aplicar recortes de gasto o aumentos de impuestos por inevitables que resulten. En este sentido, la gestora que dirige el PSOE avanza que no prevé apoyar las cuentas del Estado, y que Rajoy debería buscarse otros apoyos (entre los que sería factible, pero no bastaría, el del PNV). Tampoco es una negativa en redondo, lo que debe dejar margen para el diálogo. El momento de negociar los Presupuestos será la prueba de fuego de la nueva legislatura. La pregunta que está por resolver es si un Gobierno en minoría será capaz de pactar medidas difíciles. Así van a resultar algunas de las más necesarias.

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