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Trump se queda a medias con los ‘lobbies’

La reforma propuesta por el candidato republicano es interesante pero superficial

Donald Trump, el martes en un mítin en Grand Junction (Colorado).
Donald Trump, el martes en un mítin en Grand Junction (Colorado).

Donald Trump se ha quedado a medias con sus ideas sobre puertas giratorias. El aspirante presidencial republicano quiere reglas más estrictas sobre la acción de lobby ejercida por ex altos funcionarios. Su plan, sin embargo, se salta la cuestión de los zorros que vigilan el gallinero. También está la cuestión de que esta “reforma ética”, aunque sensata, la proponga alguien que juega tan rápido y tan libremente con los hechos.

Trump dijo el lunes que “es el momento de drenar el pantano de Washington.” Se propone prohibir a los funcionarios del poder ejecutivo, a los miembros del Congreso y a su personal hacer lobby durante cinco años tras dejar la función pública. También prohibiría de por vida a los adjuntos al presidente influir en los cargos electos en nombre de un gobierno extranjero.

El magnate inmobiliario, que se ha aprovechado de las lagunas del sistema fiscal, quiere acabar con las del ámbito de los lobbies. Aunque loables, sus propuestas no abordan las cuestiones planteadas por Elizabeth Warren. La senadora demócrata ha criticado la contratación de banqueros para puestos de gobierno, en concreto altos cargos de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro.

Su plan no aborda
la cuestión
de los banqueros
que entran en política

Viniendo de quien vienen, las reformas de Trump plantean muchas dudas. Su propio equipo se enfrentó a preguntas sobre su selección de personal. Paul Manafort, por ejemplo, renunció como jefe de campaña en agosto después de las noticias sobre el trabajo que hizo en Ucrania para el partido de un ex presidente pro-ruso que está acusado de corrupción.

Es más, según PolitiFact, Trump ha dicho falsedades más del 70% del tiempo de su carrera hacia la Casa Blanca. Sin embargo, ha resucitado un tema importante que había desaparecido desde que Obama se comprometió a acabar con el tráfico de influencias hace ocho años. Incluso si Trump pierde en noviembre, su plan de reforma del lobbismo merece llegar a la Casa Blanca.

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