Editorial

La inversión profesional e independiente

La inversión profesional e independiente

España no se caracteriza precisamente por tener un elevado, ni siquiera aceptable, nivel de cultura financiera. Como otros muchos moradores de los países ribereños del Mediterráneo, los españoles concentran sus posesiones materiales en los inmuebles y en el ahorro más conservador, convirtiéndose en seguros proveedores de liquidez para los bancos locales con los tradicionales depósitos a plazo o las extendidísimas cuentas corrientes. Abandonar esa relación con el dinero supone, a lo sumo, contratar productos de escasa sofisticación con el asesoramiento de la red bancaria, donde los rendimientos son muy limitados, o simplemente aparentes cuando los tipos de interés funcionan más como una consecuencia de la inflación que como un arma contra ella. De hecho, la industria financiera tradicional diseña los itinerarios de inversión de los particulares en función de sus intereses corporativos, donde en el mejor de los casos la clientela únicamente conserva la apuesta, siempre que excluyamos la comercialización fraudulenta de determinados productos en los primeros años de la crisis que han resultado fiascos financieros descarados. La banca al detalle tan extendida en España migra la oferta a los particulares de depósitos a fondos y viceversa en función de su conveniencia, buscando cebar márgenes o comisiones para engordar la cuenta de resultados, y si tiene en el porfolio productos más arriesgados, solo ahora empieza a aplicar normativas que identifiquen el grado de riesgo que quiere asumir cada cliente.

Sin embargo, quienes desean poner su dinero a trabajar saben que tienen que asumir más riesgos que el confortable dormitar de su oficina bancaria, y buscan los servicios de los profesionales de la inversión no alineados, no dependientes de un gran banco. Se trata de gestores independientes que concentran el esfuerzo en lograr la máxima rentabilidad buceando oportunidades en el corto plazo o sedimentando apuestas de muy largo plazo. Tienen comisiones de gestión más elevadas que la banca tradicional, pero generalmente proporcionan retornos que compensan con creces los peajes desembolsados. No obstante, son tan falibles como el resto de los humanos, pero disponen de un activo en su trabajo que les otorga plena libertad en la toma de decisiones, cual es su independencia.

En España hay una buena colección de pequeñas gestoras, muy alejada de las dimensiones de países como Holanda, Francia o Reino Unido, que pueden presumir de desempeños muy sustanciosos comparados con los de la industria bancaria tradicional en sus divisiones de gestión de patrimonios. Hoy mostramos en nuestro suplemento de inversión unos cuantos ejemplos, en los que el mejor aval es la recurrencia de muchos años en proporcionar retornos a la inversión muy elevados, incluso en etapas críticas como la de los ocho o nueve últimos años.

Todas ellas disponen de buenos equipos de análisis de todo tipo de activos, pero fundamentalmente de las empresas cotizadas, tanto en España como en otros mercados a los que el inversor particular no tiene acceso ni información suficiente como para tomar decisiones autónomas. Buscan generalmente buenas empresas que estén infravaloradas en el mercado, y sobre las que consideran que los inversores terminarán reconociendo su auténtico valor. La diferencia entre valor y precio es un fenómeno presente en todas las empresas, pero allí donde es superior están las auténticas oportunidades en las que confían las pequeñas gestoras.

Pero los criterios tradicionales utilizados no son muy diferentes de los que los propios particulares pueden buscar cuando se enfrentan a una decisión de inversión. Empresas con negocios seguros, con buenos flujos de caja, con poca competencia en su mercado, con poca o ninguna deuda, de propiedad y control familiar, con historial de beneficios y de pago de dividendos prolongado y con equipos gestores acreditados. Dado que esta metodología de inversión exige como ninguna otra del largo plazo para apreciar las revalorizaciones de la cartera de activos, los particulares que se acerquen a ella deben poner a disposición de los gestores la liquidez que no precisen para el corto y medio plazo, y proporcionar un periodo de maduración suficiente para que, como decía Warren Buffett, lo que pagas, el precio, se convierta en el valor, lo que recibes.

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