Tribuna

La segunda oleada de 'fintech'

La gente prefiere recordar antes que imaginar, básicamente porque no estamos educados a trabajar con lo desconocido. Aquello que no conocemos es la fuente de inspiración de la imaginación y nos exige abandonar todo lo que nos es familiar, algo que suele resultar aterrador.

Ser expertos en lo que será requiere de mucha más visión que de experiencia. El mundo profesional y educativo deberá tener en cuenta la cada vez más creciente irrupción de los game changers (individuos o empresas que van a cambiar la concepción de los negocios). Ellos nos van a traer en la próxima década aplicaciones en inteligencia artificial; nuevas oleadas de descubrimientos científicos (porque en el mundo hay cada vez más científicos) y la nanotecnología, por ejemplo, para entender nuestro cerebro.

En el mundo de la banca, el proceso ya se está produciendo y parece que nos lleva a pensar en el fin de la banca actual y el inicio de la banca moderna. Por poner un ejemplo simple, una de las reflexiones que más escucho acerca de la banca: “Yo solo voy al banco cuando han hecho algo mal”. Una percepción nada halagüeña. Hoy la mayoría de las transacciones bancarias las realizamos en nuestros trayectos camino al dentista o en la sala de espera del aeropuerto o en la cafetería. Internet, además de convertirse en un mundo operacional, se está utilizando como un canal. Sin duda, la banca está en el infierno de Dante.

Algunas entidades financieras han mejorado sus oficinas, quitando los antibalas, dando un tono Starbucks, pero solo han modificado lo que se ve, el maquillaje. Pero todos sabemos que si le maquillas los labios a un cerdo, continúa siendo un cerdo. No es comprensible que se intente ser digital y luego el contact center sea el de siempre, sin ninguna mejora en los niveles de servicio.

Para la banca, la posición de eficiencia y el beneficio es un deber necesario y hoy no es fácil invertir con tipos ultrabajos. Por este motivo, las estructuras pesadas que mantienen las entidades financieras ahora no están tan justificadas.

Hoy la banca comercial deposita su confianza en el dinero barato, en la captación de depósitos que usa para otros fines como obtener margen en divisas o en la financiación. Estas dos áreas están siendo seriamente amenazadas por las fintech ya que operan de manera ágil en nuevas fórmulas y con entornos menos regulados en depósitos y préstamos, captación de capital, asesoramiento, trading y plataformas de información, medios de pago y seguros.

El valor de la inversión global en fintech en 2015 aumentó un 75% respecto a 2014, hasta los 22.000 millones de dólares, y creciendo en volumen medio de transacciones, lo que indica la madurez del sector. Solo en 2015 hubo 94 operaciones (fintech deals) con un valor superior a los 50 millones de dólares, además de megadeals como la ronda de financiación de SoFi, una plataforma de lending (préstamos entre particulares), por valor de 1.000 millones de dólares.

¿Cuál es el secreto de estos nuevos jugadores? Si comparamos las cuentas de resultados de un banco tradicional con una fintech, concluimos que estas pueden funcionar con no más de un 20% de inversión en bienes capitales (capex); sus costes operativos siempre están por debajo del 50% y los costes laborales ascienden entre el 16% y el 26%. En paralelo, se estima que la banca actual está sobredimensionada en un 80% y que requiere de más de un 20% de nuevo talento con competencias digitales.

Aplicar esta fórmula de cambio es realmente muy complicado, pero, sin duda, las alternativas llegarán. La segunda oleada de fintech pondrá de moda la fusiones y los acuerdos con banca tradicional hacia modelos mixtos que son los que, viendo la situación actual a medio plazo, tienen las mejores cartas para ganar.

 Marc Edo es Global Managing Partner en WIT Consulting

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