Editorial

Marco abierto para los fondos de inversión

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Sede del Parlamento Europeo en en Estrasburgo. Getty Images

Derribar muros entre sus socios es el sentido último de la existencia de la Unión Europea. A pesar del impacto del brexit y del resurgir de nacionalismos de la mano de populistas propuestas enfrentadas a la razón de ser de la Unión, con un inadmisible rechazo a los refugiados que se opone al ADN social de Europa, los europeos siempre esperan de sus instituciones avances en un acervo que se resume en el concepto general de más Europa.

En el campo de la economía se han dado pasos de gigante en la creación europea. El euro y la política monetaria común en la eurozona son los mejores ejemplos, no lo únicos, a pesar de esas recurrentes críticas a la labor del BCE. Sin embargo, también en lo económico el camino es largo y quedan obstáculos que derribar. Para ello, y pese a un impacto de la salida de Reino Unido de la Unión que aún está por determinar, el club europeo trata de reforzarse en el terreno económico, entre otros, con el proyecto para construir la plena integración de los mercados de capitales, que está previsto completar en tres años. Uno de los hitos clave para este ambicioso proyecto armonizador, que deberá estar concluido totalmente en 2019, será la liquidación centralizada de los valores en una plataforma desarrollada por el BCE, que tiene como fecha objetivo el mes de septiembre de 2017.

Dentro de ese proceso, y en línea con la creación europea, hay un plan que igualmente deberá superar escollos, pero dotado de la importancia que le confiere el hecho de que afecta a prácticamente la mayoría de los pequeños inversores. Se trata de derribar las murallas que sufren las sociedades gestoras de fondos para distribuir sus productos en otros países de la Unión Europea. Un problema que se manifiesta especialmente en las firmas de pequeño tamaño, que se enfrentan a dificultades artificiales de distribución a la hora de exportar sus productos. Los fondos de inversión mueven más de 14 billones de euros en los 28 países de la Unión, y aunque es cierto que el 57% de los productos ya se distribuyen en varios países, todavía existe una suerte de concentración por parte de las gestoras nacionales, en su mayoría dependientes de bancos.

La Comisión Europea ha lanzado el germen de lo que será la futura regulación de esos fondos en la Unión. Esta, en línea con las normas de la libre competencia, se opondrá allí donde existan a los posibles oligopolios que grandes grupos financieros puedan tener en mercados nacionales. Hasta el próximo 2 de octubre el documento elaborado por la Comisión estará sometido al escrutinio de todos los afectados. Será acertado si levanta barreras, multiplica la transparencia, facilita la actividad y, sobre todo, si no confunde regulación con proteccionismo y deja oxígeno al negocio.

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