Tribuna

Verdades y mentiras sobre las sicavs

Los demagogos siempre aluden a sus ventajas fiscales, pero son las mismas que en un fondo

Ciudadanos ha pactado con el PP 150 medidas para apoyar la investidura de Rajoy. Como señala la prensa, muchas de las medidas de ámbito económico quedan sin aclarar suficientemente. Por ejemplo, se hacen eco del problema de la sostenibilidad de las pensiones, pero no hay esbozo de propuesta. Otras son posibilistas y difíciles de llevar a cabo, como la revisión de la amnistía fiscal. Las medidas de gasto quedan vinculadas al cumplimiento de las exigencias de reducción de déficit, por lo que su aplicación no parece tan clara.

Entre las propuestas hay algunas que sí que tienen definición y claridad como el caso de las sicavs. Conviene recordar que una sicav es una figura totalmente legal y regulada. Se trata de una Institución de Inversión Colectiva (IIC), como los fondos de inversión. La diferencia estriba entre ambos en que las primeras son sociedades anónimas y los segundos, comunidad de bienes. Las normas sobre capital y miembros son prácticamente idénticas, la diferencia está en el capital: para una sicav, 2,4 millones de euros, para los fondos, 3 millones de euros; en ambos casos 100 miembros mínimos: accionistas en las sicavs al ser sociedades anónimas, partícipes en los fondos. Ambas figuran tienen una definición y reglamentación idéntica sobre inversiones, activos y coeficientes de inversión.No es cierto que una sicav pueda invertir en lo que quiera, como no lo es en los fondos. Estas también tienen que respetar la normativa de IIC. La principal diferencia frente a estos es que sus accionistas pueden controlar, no gestionar ni dar ordenes compraventa, las pautas de inversión.

Las sicavs se han utilizado en España por grandes fortunas como vehículo de inversión por sus ventajas y características, idénticas a las de los fondos, con la excepción del control de las inversiones. Los demagogos siempre aluden a su ventaja fiscal: diferimiento de impuesto de IRPF hasta el momento de la venta o amortización de las acciones, impuesto de sociedades al 1% que se paga por los resultados generados por las acciones vendidas o amortizadas. Esas supuestas ventajas son las mismas que se tienen cuando uno es partícipe de un fondo de inversión y se reembolsan las participaciones. Cuando se habla de ventajas fiscales se utiliza la falacia. La diferencia principal es el control de la inversión por parte de los accionistas. Entiendo que tener el control de la inversión lo tenemos todos, puesto que si eres partícipe de un fondo con una política de inversión que no te gusta, ordenas un traspaso y no tributas. De hecho, esto no lo pueden hacer las sicavs utilizadas por las grandes fortunas, pues la mayor parte de ellas no alcanzan los 500 partícipes, condición para estar exento de tributación y que no se aplica a los fondos. Parece muy razonable que si no hay exención de tributación por traspaso, se le dé a los accionistas una herramienta para el control de la gestión.

"Los accionistas de estas instituciones solo pueden controlar las pautas de inversión"

Sin embargo se ha aludido siempre a que las sicavs son ingeniería fiscal para evitar tributación. ¿Ingeniería? Estas están reguladas por leyes europeas, normalizadas en nuestra reglamentación, el domicilio social está en España, los accionistas están identificados sin testaferros, cotizan en un mercado oficial y español como es la Bolsa, su fiscalidad es igual a la de los fondos. No es ingeniería ni tienen ninguna prebenda fiscal que no tengan otras figuras. Es más, cualquier persona puede ser accionista de una, solo tiene que dar una orden de compra de acciones.

El problema es que en España está mal visto que una persona tenga dinero, aún cuando pueda ser por un premio de lotería. El dinero invertido en las sicavs recuérdese que ya ha tributado, pues procede del ahorro de sus accionistas o del 20% que se detrae de los premios de lotería.

Hay es una confusión popular falsa creada arbitrariamente, de tintes populistas y demagogos. Bien haría Ciudadanos en preocuparse en como se va a recortar el déficit que en abundar en la demagogia barata. Curioso que fuese un ministro de Hacienda del PSOE, Pedro Solbes, quien no quisiera dar el control a Hacienda. No lo hizo porque sabía que de hacerlo se transformarían en fondos de inversión, muchas de ellas se irían a Luxemburgo o a otros países o se podrían utilizar otras figuras como unit linked.

Miguel A. Bernal Alonso es profesor y coordinador del departamento de investigación del IEB.

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