Editorial

Italia: prevención ante lo inevitable

El seísmo de 6,2 grados de magnitud que sacudió en la madrugada de ayer el centro de Italia ha dejado una trágica estela de decenas de muertos, heridos, desaparecidos y destrucción material. Con epicentro en la provincia de Rieti, en los Apeninos centrales, es inevitable la comparación con el seísmo de 2009 en L’Aquila, que causó más de 300 muertos y 1.500 heridos, porque ha ocurrido a 60 kilómetros escasos y su magnitud geológica fue parecida. Esta vez el hipocentro ha estado más cerca de la superficie y, a pesar de las muchas víctimas, solo ha limitado su número la poca densidad de población de la zona. Sabida es la exposición sísmica de Italia, aunque sea menor que en otras zonas del planeta. Más cerca, en la retina de los españoles aún sigue el sismo de Lorca (Murcia), también con víctimas mortales. Conocida es la dificultad para prevenir y prepararse ante este tipo de fenómenos, y la prioridad inmediata es la atención a las víctimas y sus allegados, con la máxima colaboración europea para que se cumpla lo prometido ayer por el primer ministro italiano, Matteo Renzi: “No dejaremos a nadie solo”. Sin embargo, es obligatorio hacer todo lo posible por aminorar su impacto, lo que lleva a dar más valor a las inspecciones de los edificios, cuya fragilidad se convierte, como de nuevo se vio ayer, en un peligro latente.

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