Editorial

Plan más financiero que industrial en Abengoa

Planta solar de Abengoa en Andalucía.
Planta solar de Abengoa en Andalucía. REUTERS

Abengoa ya tiene plan de salvamento: una decena de hegde funds evitan la liquidación de la compañía con una importante inyección de dinero, la jibarización de la participación de los accionistas actuales, el empequeñecimiento hasta el extremo del valor de la deuda que arrastra la sociedad y un diseño industrial de recorrido muy limitado para un grupo de ingeniería que reducirá notablemente su tamaño. Un año largo después de que el proyecto industrial se pusiese en tela de juicio por el elevadísimo endeudamiento del grupo, llega una solución financiera que abre una vía de esperanza para la plantilla, tanto para la que siga en el radar de Abengoa como para la que esté enrolada en los activos que necesariamente tendrá que vender para contribuir al salvamento. Al menos el 75% de los acreedores respaldan un plan que no parece tener alternativa, o que al menos no ha sido encontrada en los últimos 12 meses ni por las familias fundadoras, ni por los fondos acreedores, ni por la banca que ha estado avalando la continuidad de la empresa en este tiempo, mientras que fondos extranjeros especulativos que no saben de amistades ni lealtades se hacían con la deuda, adquirida a precio de saldo, para terminar imponiendo la desaprensiva voluntad de los financieros.

Con el plan sin alternativa en la mesa, los antiguos gestores de la empresa, la familia Benjumea y sus socios sevillanos, así como los 50.000 pequeños accionistas que pusieron su dinero en algún momento del pasado en Abengoa, reducirán su participación a un irrelevante 5%, y cuantos bonistas particulares e institucionales habían financiado sus aventuras industriales perderán de partida el 97% del principal aportado, o entrarán, si lo desean, en el capital como minoritarios conservando una parte del valor teórico de la deuda, pero con dudosa recuperación en la práctica de su valor real. Otro 5% testimonial retendrán los bancos que han formado parte del comité negociador, y que han mantenido una actitud que se antoja demasiado pasiva en todo el proceso, (Santander, Banki, CaixaBank, Popular y Crédit Agricole, además del ICO y CESCE), e inyectarán otros 307 millones de euros en avales.

Una decena de hedge funds (Abrams Capital, The Baupost Group, Canyon, Centerbridge, D. E. Shaw, Elliott Management, Hayfin Capital, KKR Credit, Oaktree y Värde) ponen ahora sobre la mesa 1.170 millones de euros, de los que solo 655 millones son dinero fresco, y el resto (515) se utilizará para refinanciar el rosario de créditos y avales dispuestos en la empresa en el último año para mantener la respiración asistida. A cambio, se convierten en el núcleo duro de la compañía y retendrán el 50% del capital, sin que ninguna decisión de importancia salga de la empresa sin su venia. Además, dado que su origen, su naturaleza y su finalidad es la rentabilidad financiera y la preservación del capital de sus partícipes, han anclado su apuesta en los activos premium de Abengoa, los cuales son las acciones de Atlantica Yield y la planta de cogeneración AT3 en México, así como el negocio de ingeniería de la empresa sevillana, la única pata de su actividad que seguramente tiene garantizada su presencia en el core business tras la ejecución del plan.

La nueva Abengoa, que tendrá que tener el visto bueno de la junta de accionistas cuando disponga de todos los detalles del plan tanto desde el punto de vista financiero como industrial, tendrá una deuda de unos 4.000 millones de euros, y unas servidumbres financieras cuasi draconianas que limitarán su capacidad de maniobra para el desempeño venidero. El negocio se quedará limitado a la ingeniería que ya formó parte de la génesis de la empresa convertida ahora en multinacional, y a la construcción de proyectos en los que hay generosos márgenes, y deberá desprenderse de cuantos activos energéticos ha puesto en marcha en todo el mundo, algunos de los cuales son ahora el valor auténtico de Abengoa.

Con este planteamiento, el futuro será muy exigente, porque el plan tiene mucho de sesgo financiero y poco, muy poco, de industrial, a juzgar por lo que hasta ahora se conoce, y cuesta creer que sea el programa definitivo que sanee y ponga a flote la empresa; pero al menos hay un futuro, aunque sea muy incierto, donde hasta hace unos meses, y cada vez con más pesimismo, solo se advertía un réquiem.

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