Editorial

La competitividad, el primer objetivo

La economía española echó en las espaldas de la demanda externa el peso de la recuperación de la actividad en los últimos trimestres de 2013 y los primeros de 2014. La moderación de los costes de producción, esencialmente los laborales, reforzó la competitividad de la economía, muy cercenada hasta 2011 por el avance de los salarios y de los precios finales. Tras el giro producido en 2012, la economía dio un vuelco en costes y precios respecto a sus competidores externos, y acumula, a finales de junio, once trimestres consecutivos de ganancia de competitividad con los países que comercian en la misma moneda. Precisamente los que acaparan mayor proporción de las exportaciones de España, especialmente Francia y Alemania.

Aunque ahora es la demanda interna la que sustenta el crecimiento, no debe en ningún caso descuidarse la competitividad externa, puesto que cuanta más dependencia tenga la economía de las compras del exterior, y más componente manufacturero contribuya a su PIB, más resistencia tendrá a los vértigos de las crisis. La recetas para ello son siempre las mismas: control detallado de los precios de producción, especialmente de los que dependen de los agentes domésticos, más intensidad tecnológica y una gestión orientada a la captura de mercados crecientes en el exterior.

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