Perfil: Nemesio Fernández-Cuesta

Un líder versátil

Ha alternado su vida profesional entre la empresa y la política y en ambas ha dejado su sello carismático y dialogante

Un líder versátil Ampliar foto

El pasado 29 de julio, Nemesio Fernández-Cuesta accedía a la presidencia de Isolux Corsán tras haber dirigido durante dos meses el rescate del grupo de ingeniería y construcción. El éxito del proceso, que se ha saldado con un pacto de refinanciación entre los principales acreedores bancarios (CaixaBank, Santander y Bankia) y los bonistas de la sociedad, le ha devuelto al mundo de la empresa.

 Tras su cese inesperado como número dos de Repsol en la primavera de 2014, justo después del acuerdo de compensación del Gobierno argentino a la petrolera española por la expropiación de YPF, en el que desempeñó un papel crucial, Fernández-Cuesta esperó con elegancia su salida definitiva de Repsol, lo que se produjo en febrero del año siguiente. La razón última no figura en las crónicas, ya que su exquisita educación ha impedido el pábulo. Al fin y al cabo –se resignó–, “la mortandad entre los números dos de las grandes empresas es alta”.

El hecho es que de haber sido el elegido para ocupar el nuevo cargo de consejero delegado de la petrolera, a la que llegó en 1990 como vicepresidente ejecutivo de una de las filiales del grupo (al que regresó en 2003 después de otras aventuras), pasó a la reserva en espera de una nueva reencarnación. Y la oportunidad le llegó, curiosamente, de la mano del primer accionistas de Repsol y acreedor de Isolux, CaixaBank, con cuyos responsables ha mantenido una excelente relación.

La jugada de la entidad financiera parecía y resultó redonda:nombrar a alguien de la talla de Nemesio Fernández-Cuesta, “un pata negra”, daba solidez a un arbitraje con el que se intentaba evitar el concurso de acreedores, amén de proyectar una imagen de futuro de la infortunada empresa. Su gran conocimiento internacional, adquirido mientras dirigió y desarrolló el área de Exploración y Producción (upstream) de Repsol, es un aval en la reconversión de la constructora, una de cuyas debilidades ha sido la mala elección de sus mercados exteriores.

Quienes no le conocían dan ahora fe de sus grandes dotes para el trabajo y de negociación:“Tiene la virtud de escuchar, algo tan raro en estos tiempos, y lo hace pausadamente”, aseguran en el entorno de Isolux. Su gran capacidad para sintetizar los problemas, o de separar el grano de la paja, y su carisma (“¿qué le dará a la gente?”, se preguntan algunos) ha hecho el resto en el rescate de Isolux. Pero lo difícil, y él bien lo sabe, viene ahora. De momento –dicen–, el nuevo presidente ha logrado infundir ánimos a la plantilla, pese a no haber ocultado que el rescate incluye un inevitable y duro ajuste.

Nacido en Madrid en 1957, a Nemesio Fernández-Cuesta Luca de Tena, le preceden sus ilustres apellidos. Hijo del que fuera ministro de Comercio con Franco, del que heredó el nombre, y sobrino nieto de Raimundo Fernández Cuesta, sucesor de José Antonio Primo de Rivera al frente de la Falange, y bisnieto de Torcuato Luca de Tena, fundador del Abc. Casado y con cuatro hijos (dos hijas y dos hijos), se licenció en Económicas y Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid y fue número uno de su oposición de Técnico Comercial y Economista del Estado.

Es probable que su versatilidad, esa que le ha hecho alternar entre el mundo de la empresa, la Administración y la política, le venga de familia. Eso sí, con un aura de modernidad.

En 1996, tras una primera escala en Repsol, Fernández-Cuesta formó parte del Gobierno de José María Aznar, como secretario de Estado de Energía del Ministerio de Industria que dirigió Josep Piqué. “Más liberal que su ministro” –se comentó–, fue el impulsor de la liberalización energética (de la luz, el gas y los carburantes). En 1997 abordó la gran reforma del sector eléctrico, “con más voluntad que acierto”, según sus críticos, y “con una buena base que fue desaprovechada por sus sucesores”, según sus defensores.

Los primeros esgrimen que fue el artífice de los polémicos Costes de Transición a la Competencia (CTC), una suerte de compensación a las eléctricas por las posibles pérdidas de la apertura del mercado. Los segundos, que fue un proceso obligado por el Tratado de la UE, que abordó con grandes dosis de diálogo. Aunque la política siempre le resultó tentadora (sirva como ejemplo su fugaz fichaje como asesor económico de UPD tras su última salida de Repsol), nunca ha vuelto a ella.

Entre 1998 y 2003 presidió la editorial Prensa Española, de lo que no es ajeno un cierto afán intelectual, antes de regresar a la petrolera. Artífice del desarrollo de la división de upstream, pata de la que cojeaba, defendió la compra de la canadiense Talismán, aunque ya no rubricó esta operación.

Aunque el nuevo panorama geopolítico del petróleo y el cambio de rol de la OPEP ha hecho  cotizar su opinión, siempre ha evitado manifestarla sin fundamento.

 

Normas