Energía

Reino Unido deja en el aire su ambicioso programa nuclear

La primera ministra sorprende con su decisión de parar la construcción del proyecto atómico de Hinkley Point, al este de Inglaterra, que promueven EDF y la china CGN.

Central nuclear de Hinkley Point, cuyo proyecto de renovación ha sido parado por el Gobierno de May.
Central nuclear de Hinkley Point, cuyo proyecto de renovación ha sido parado por el Gobierno de May. Getty Images

Todo estaba dispuesto el viernes (incluso los atriles) para que los responsables del coloso francés EDF y China General Nuclear (CGN), su socio financiero en el ambicioso programa nuclear británico, acudieran a inaugurar la construcción de la planta atómica de Hinkley Point, al oeste de Inglaterra, cuando el Gobierno británico anunció su intención de revisar y posponer dicho programa hasta el otoño.

 Solo un día antes, el jueves 28, el consejo de administración EDF había dado luz verde a la planta inglesa (con dos reactores fabricados por la estatal gala Areva), la primera que se construirá en Reino Unido en tres décadas, con una inversión superior a los 21.000 millones de euros. Al parecer, los responsables de EDF aceleraron su aprobación alegando la urgencia manifestada por la nueva primera ministra británica, Theresa May. Pero esta demostraría enseguida que lejos de tener prisa, su intención es revisar un programa (que incluye la renovación del actual parque y levantar nuevas centrales), que bien podría saldarse con su suspensión.

El proyecto de Hinkley Point, que fue aprobado por el consejo de EDF por 10 votos a favor y siete en contra, ya le costó el puesto en marzo al director financiero del grupo, Thomas Piquemal, quien dimitó por considerar el proyecto un riesgo para la compañía francesa. También uno de los 18 consejeros dimitió el mismo jueves. Inicialmente, EDF se comprometió a tener entre un 40% y un 50% del proyecto, pero este se amplió a finales del año pasado al 66%, 5%, lo que suponía un gran esfuerzo financiero. Su socio chino asumiría el 33% de la inversión de un proyecto que daría empleo a 25.0000 personas y proporcionaría un 7% de la demanda eléctrica del país.

La sorpresa por la decisión de May fue doble teniendo en cuenta que, solo unas horas antes, su ministro de Industria y Energía, Greg Clark, declaró tras conocer la decisión de EDF que el país “necesita una fuente de energía segura y fiable” y que “el Gobierno cree que la energía nuclear es una parte del mix energético”. El mismo Clark fue el encargado de anunciar la revisión de todos los detalles del proyecto antes de tomar una decisión. El programa nuclear británico, cuya idea se remonta al Ejecutivo laborista de Tony Blair, había sido respaldado por el Gobierno del exprimer ministro David Cameron, en el que participaba May.

La decisión de Theresa May de aplazar la construcción de la central de Hinkley ha enojado a sus inversores:la francesa EDF y la china CGN

También es cierto que el jefe de Gabinete de la actual mandataria cuando era ministra de Justicia se había opuesto públicamente a la construcción de Hinkley Point. Y que la oposición de los grupos ecologistas se ha recrudecido alegando los problemas internos, con dimisiones masivas, y financieros de EDF y Areva. El fabricante francés de reactores y gestor de los residuos nucleares está siendo investigado por la UE, que ha puesto en duda si la ampliación de capital de 5.000 millones de euros aprobada por el Gobierno es una ayuda de Estado.

Además de la macroinversión que requieren las nuevas centrales, también han desatado incertidumbre los plazos tan largos de construcción y puesta en marcha: se calcula que no estarían operativas hasta 2030. Trasladar a la factura eléctrica de los consumidores británicos semejante inversión supondría duplicar el precio actual del kilovatio.

Según la prensa francesa, Theresa May ya había advertido previametne a Francois Hollande, en un encuetro en el Eliseo que ella necesitaba más tiempo para estudiar el proyecto, si bien, los responsables de EDF no habría sido informados. Uno de los puntos más polémicos es el preacuerdo sobre los precios garantizados por la electricidad producida durante 35 años, “insostenible para los usuarios”, según la primera ministra.

Malestar en Pekín

La participación de China en el proyecto fue acordado el año pasado en un viaje oficial a Reino Unido del presidente Xin Junping en un acto presidido por el propio Cameron. La ruptura temporal de dicho acuerdo, que se consideró el inicio de “una era dorada” entre ambos paíeses, según ambos mandatarios, ha causado un profundo malestar en el Gobierno chino, que ha puesto en entredicho la relación de los dos países.

El Reino Unido “está poniendo en riesgo la duramente forjada confianza mutua con China”, advirtió ayer la agencia oficial Xinhua en un artículo crítico con la decisión de Londres de replantearse el proyecto de Hinkley Point, según informó Efe. La revisión anunciada por el nuevo Gabinete de la primera ministra británica, Theresa May, “preocupa y siembra interrogantes en la comunidad internacional sobre su apertura hacia la inversión extranjera”. Más aún en un momento en el que el Reino Unido “está luchando por salir adelante tras el brexit, para lo que la apertura es la clave”, indica Xinhua.

“Dar luz verde a un proyecto de 24.000 millones de dólares (18.000 millones de libras, 21.000 millones de euros) no es una decisión fácil, y China entiende y respeta la petición de más tiempo para reflexionar, pero no puede comprender las sospechas surgidas de la nada”, añade. La agencia rechaza los temores infundados sobre la intención de China de controlar la infraestructura y añade que los recelos del nuevo Gobierno son perjudiciales “por el muro de proteccionismo que estaría levantando y que daña su credibilidad como economía abierta”, lo que “podría ahuyentar a inversores chinos y de otras partes del mundo”.

“China puede esperar que un Gobierno británico razonable tome decisiones responsables, pero no puede tolerar acusaciones contra su sincera y benigna intención en favor de una cooperación de beneficio mutuo”, afirma hoy Xinhua.

Por su parte la compañía CGN se mostró más moderada al responder a la decisión de Londres del fin de semana, subrayando que entendía, “dada la importancia del programa”, la necesidad del Gobierno británico de “darse un tiempo para familiarizarse con el plan”.

 

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