Editorial

Un año perdido en Abengoa

El 23 de julio de 2015 saltaron al mercado las dudas acerca de Abengoa, y tras ellas, otras más poderosas sobre la verdadera dimensión de su endeudamiento, después de anunciar una sorpresiva, y en principio negada, ampliación de capital días después. Ha pasado un año completo y las expectativas de que Abengoa tenga un futuro exitoso se han esfumado; las discusiones entre accionistas, gestores, socios industriales y acreedores se han dilatado tanto, que cada vez menos gente da un euro por la salida airosa para la empresa de energía e ingeniería sevillana.

Esta misma semana está previsto que se presente definitivamente el último plan industrial, tras recortes sucesivos de su alcance, hasta dejarlo, como mucho, en una inyección de 500 millones de euros (frente a los 1.500 planeados) que sigue sin estar claro quién aportará. Si los grandes fondos que al inicio entraron al reclamo de unas jugosas plusvalías en la deuda con descuento se han marchado, ahora son, en su mayoría, hedge funds ajenos al sindicato de acreedores quienes podrían poner el dinero, pero ya solo para un plan industrial menguante que apunta más a una sociedad jibarizada en tránsito a su liquidación que a una nueva era industrial. Abengoa sigue conservando activos de primer nivel, muchos de ellos atrapados en concurso; pero la hora de reconstruir la empresa en torno a ellos ha pasado ya.

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