Perfil: Boris Johnson

Un ministro poco diplomático

Comprometido con la campaña a favor del ‘brexit’, el controvertido Johnson pudo haber sido el nuevo primer ministro británico. En su lugar, representará al país en el exterior

Caricatura del nuevo ministro de Exteriores de Reino Unido, Boris Johnson.
Caricatura del nuevo ministro de Exteriores de Reino Unido, Boris Johnson.

Exalcalde de Londres, político, escritor y hasta periodista, pero sobre todo irreverente y populista. El nuevo ministro de Exteriores de Reino Unido apenas necesita presentación. Boris Johnson (Nueva York, 1964) tiene por costumbre sorprender constantemente al mundo con sus comentarios poco ortodoxos, pero el pasado 13 de julio no era ninguna frase suya, sino su nombramiento al frente de una de las carteras más relevantes del Gobierno de Theresa May, lo que pillaba desprevenidos a muchos después de que hubiera renunciado a presentarse como candidato a liderar el Partido Conservador. El carismático tory Johnson fue la cabeza más visible de la campaña a favor de la salida de Reino Unido de la Unión Europea de cara al referéndum celebrado el pasado 23 de junio. Ahora, será el encargado de gestionar unas delicadas relaciones exteriores pese a que la delicadeza no es precisamente una de sus virtudes.

Calificado por algunas voces como el Donald Trump británico, comparte con él su llamativo cabello rubio –aunque despeinado en lugar de con tupé–, pero sobre todo la capacidad de generar polémica allá donde va. A pesar de que ha expresado públicamente su preocupación por que el empresario estadounidense pueda alcanzar la Casa Blanca (llegó a asegurar que la única razón por la que no pisaba algunas partes de Nueva York era el riesgo de cruzarse con él), lo cierto es que en los últimos tiempos se le ha ido parecendo cada vez más con sus encendidas declaraciones.

El nuevo encargado de capitanear la diplomacia británica ha tenido a lo largo de su vida política palabras no precisamente amables para muchos de los que ahora serán sus interlocutores. Al actual presidente estadounidense, Barack Obama, le dedicó la frase “el presidente medio keniano con una aversión ancestral por el imperio británico”. Y a Hillary Clinton la definió en 2007 en una de sus columnas en prensa como “una sádica enfermera de un hospital mental”. Lejos de arrepentirse de sus palabras, el tory aseguraba en una reciente rueda de prensa en presencia del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, que no piensa pedir disculpas. “Podemos pasar mucho tiempo repasando cosas que he escrito en los últimos 30 años, aunque creo que se han sacado de contexto, pero no importa”, sentenció restando relevancia a sus palabras.

Johnson parece no haber empezado precisamente con buen pie con muchos de sus homólogos. Al conocerse su nuevo cargo, el ministro francés de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, dejó a un lado su habitual prudencia para apuntar que su homólogo británico no le preocupaba, pero no dudó en afirmar que este había mentido en la campaña del brexit. “Ahora es él quien está contra la pared”, recalcó.

Nada parece poner nervioso a este político de 52 años nacido en EE UU y educado en el prestigioso Eton School y en Oxford

Sin embargo, nada parece poner nervioso a este político de 52 años educado en el prestigioso Eton School –por el que también pasó el hasta hace unos días primer ministro, David Cameron– y en Oxford. Nacido en Estados Unidos, su familia regresó poco después a_Reino Unido donde se crió con un perfecto acento británico. Entre sus trabajos más destacados antes de dedicarse a la política se encuentra su etapa de periodista –en la actualidad escribe con regularidad columnas de opinión para algunos medios–. Su carisma se hizo famoso ya cuando ejercía de corresponsal del Daily Telegraph en Bruselas, destino en el que recaló tras ser despedido del diario The Times por inventar una cita.

La prensa global no duda en tacharlo de estrafalario por imágenes como su fallido descenso en tirolina con una bandera británica con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos en Londres en 2012, una imagen casi tan conocida como sus paseos en bici por la ciudad.

Pero en la mezcla populista perfecta de la que está hecho Boris Johnson no faltan grandes dosis de erudición en forma de amplios conocimientos de Historia –tiene nociones de latín y griego–. Además, a diferencia de muchos políticos conservadores británicos, gracias a su trayectoria personal y a que domina varias lenguas europeas, se le considera un hombre cosmopolita. Son muchos los que encuentran en esa marcada diferencia con la mayoría de sus colegas de partido el secreto que le ha llevado a atraer a ciertos tipos de votantes. Casado y con cuatro hijos, entre sus aficiones destacan el ciclismo y el tenis.

De su personalidad, destaca su habilidad para combinar ese particular sentido del humor que despliega en público con la seriedad con la que se toma su ambición política. Gracias a ello, Boris Johnson ha alcanzado uno de los puestos de más responsabilidad del Ejecutivo británico que podría haber encabezado de no haber retirado su candidatura.

Una vez más, tras acercarse a lo que parecía un alto en su carrera política, Johnson ha conseguido dar un paso hacia adelante –aunque haya sido a pesar de muchos de los que van a ser sus interlocutores y de otros tantos ciudadanos británicos–. Según señalaba The Guardian en su editorial sobre el llamativo nombramiento del ministro, no se trata de algo que se pueda tomar a broma; son malas noticias.

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