Reunión en Bruselas tras el intento de golpe de Estado

La tensión UE-Turquía amenaza con otra crisis de refugiados

Berlín anuncia represalias si Erdogan reestablece la pena de muerte

Bruselas supedita la supresión de los visados al respeto a los derechos humanos

La alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini (d), y el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ofrecen una rueda de prensa después de un desayuno de trabajo antes del Consejo de Ministros de Exteriores de la UE en Bruselas, hoy, 18 de julio de 2016.
La alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini (d), y el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ofrecen una rueda de prensa después de un desayuno de trabajo antes del Consejo de Ministros de Exteriores de la UE en Bruselas, hoy, 18 de julio de 2016. EFE

La siempre difícil relación entre la UE y Turquía ha dado un brusco giro a peor tras el fallido golpe de Estado del 15 de julio. El Gobierno alemán incluso amenazó hoy con suspender de manera definitiva las negociaciones de adhesión para el ingreso del país en la UE (iniciadas en 2005) si Ankara reestablece la pena de muerte como ha sugerido el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, tras la intentona golpista del pasado viernes.

Las negociaciones llevaban años estancadas, sin avances significativos por la resistencia de Alemania, Francia o Chipre, entre otros países. Pero la canciller alemana, Angela Merkel, se comprometió con Erdogan a relanzarlas como compensación por la colaboración de Turquía para frenar el paso de refugiados sirios hacia Grecia camino de Alemania.

La represión desencadenada por Ankara tras el golpe amenaza ahora el acuerdo urdido por Merkel y Erdogan. Y podría reabrir un flujo de refugiados que tras el pacto pasó de más 7.000 llegadas diarias a Grecia a menos de 50. Aun así, la UE mantuvo hoy un discurso firme y exigente frente a un régimen que ya ha sufrido dos embestidas (una revuelta popular tras las primaveras árabes y la asonada del viernes) y que responde con una creciente represión para mantenerse en el poder.

“Necesitamos una Turquía que respete la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales”, proclamó en Bruselas la Alta Representante de Política Exterior, Federica Mogherini. La jefa de la diplomacia comunitaria añadió que “ningún país puede ingresar en la UE si introduce la pena de muerte”. El comisario europeo de Ampliación, el austríaco Johannes Hahn, incluso acusó a Erdogan de aprovechar el fallido golpe para poner en marcha una purga y una presión que ya tenía preparadas de antemano. “Nada más ocurrir los acontecimientos, ya había listas [de detenidos], lo que indica que se habían preparado para cuando hubiera que utilizarlas”, señaló Hahn, máximo responsable comunitario de las negociaciones con Ankara para la adhesión.

El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, que hoy asistió por primera vez a una reunión del Consejo de ministros de Exteriores de la UE, cerró filas con sus colegas europeos y reclamó al régimen de Erdogan que evite una deriva autoritaria. “Urgimos al Gobierno turco a mantener los más elevados estándares de respeto a las instituciones democráticas de la nación y al Estado de Derecho”, señaló Kerry en Bruselas.

Mogherini recordó a Erdogan que “la UE fue la primera que durante la trágica noche [del 15 de julio] destacó la importancia de mantener la legitimidad de las instituciones y continuamos condenando el golpe. Pero eso no significa, obviamente, que no deba respetare el Estado de derecho”.

Visados

La renovada tensión entre Ankara y Bruselas también puede frustrar las negociaciones para la supresión de los visados a los ciudadanos turcos que deseen visitar la UE durante un plazo máximo de 90 días.

El ministro en funciones de Exteriores, José Manuel García Margallo, subrayó hoy en Bruselas que ”la liberalización de los visados está supeditada al respeto de los valores democráticos y del Estado de derecho”.

La supresión de los visados también forma parte del acuerdo sobre los refugiados. La libertad para viajar a la UE, esperada para octubre, era un triunfo importante para Erdogan ante la clase media y alta de Turquía, un país donde solo ocho millones de personas (de una población de más de 80 millones) dispone de pasaporte. Y donde solo una minoría podrá acceder en un primer momento a los pasaportes biométricos que se requieren para la supresión del visado.

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