La UE del revés

La capital europea de las puertas giratorias

Bruselas ha observado con indiferencia el fichaje de Durao Barroso por parte de Goldman Sachs, al no observar ningún conflicto de interés.

Jose Manuel Barroso.
Jose Manuel Barroso. Efe

El fichaje del expresidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, por Goldman Sachs ha escandalizado en varias capitales, sobre todo en París. Bruselas, sin embargo, ha observado con indiferencia el llamativo trasvase. En la Comisión se asegura que sus normas sobre potenciales conflictos de interés ya son más estrictas que las de otros organismos internacionales. Y en el Parlamento Europeo, salvo algunos miembros de la izquierda y de los Verdes, que han pedido la retirada de la pensión europea al portugués, la mayoría prefiere no hacer demasiado ruido con el caso Barroso. La consigna es guardar silencio y esperar que amaine la tormenta para no poner en peligro las bien engrasadas puertas giratorias de una capital europea en la que antiguos comisarios y europarlamentarios en ejercicio figuran en la nómina de importantes empresas.

En defensa de Barroso

La Comisión Europea incluso ha salido en defensa de su antigua cabeza visible y ha descartado, por ahora, emprender acciones políticas o legales contra José Manuel Barroso. “No se trata de buscar vías jurídicas [contra el expresidente] sino de saber si ha respetado o no las reglas. Y consideramos que sí las ha respetado”, señalaba la semana pasada un portavoz oficial de la CE.

18 meses de control

Las normas fueron elaboradas por la Comisión para sí misma. Y solo fijan un periodo de enfriamiento de 18 meses, durante el cual los excomisarios tienen obligación de informar al organismo comunitario sobre sus nuevos puestos de trabajo para que se verifique si hay algún conflicto de interés. En el caso de Barroso, el plazo de 18 meses acababa de expirar cuando se anunció su paso a Goldman Sachs.

36 meses de sueldo

La duración del periodo de enfriamiento (18 meses) contrasta con la del periodo de indemnización posterior a la salida de la CE, que es justo el doble. Durante tres años, los excomisarios tienen derecho a percibir, en función de su duración en el cargo, entre el 40% y el 65% de su salario, que oscila entre 20.832 y 25.554 euros al mes. La Comisión ha subrayado que Barroso renunció a esa compensación en enero de 2015, solo tres meses después de dejar el cargo.

Sobresueldos

En el Parlamento Europeo las puertas son más deslizantes que giratorias. Numerosos eurodiputados compaginan el escaño con puestos en empresa sin esperar siquiera a dejar el hemiciclo. Y algunos llegan a doblar su salario público, que asciende a 8.213 euros brutos al mes, más 4.320 euros de dieta mensual y 306 euros por cada día que acudan al Parlamento. El 53% de los eurodiputados disponía de otros ingresos además de ese salario, según un estudio de Transparencia Internacional con datos de 2014. Una docena ganaba más de 10.000 euros al mes con actividades extraparlamentarias.En el ranking destacan la eurodiputada popular Michèle Alliot-Maire; el líder del Grupo Liberal, Guy Verhofstadt, o el socialista Renato Soru.

Por tres vías

Los vasos comunicantes, que no incompatibles, se bifurcan aún más en el caso de ex comisarios europeos que ahora ocupan un escaño en el Parlamento y también cobran de empresas. Es el caso, por ejemplo de Viviane Reding, eurodiputada popular por Luxemburgo y en nómina de empresas como Agfa-Gevaert. Como excomisaria tiene derecho a una paga hasta noviembre de 2017. Las normas solo prevén un recorte de esa paga si con el resto de ingresos se supera el salario de comisario.

Y tú más

“Nuestras normas sobre potenciales conflictos de interés son muy estrictas”, defiende un portavoz de la Comisión Europa. “Sobre todo”, añade, “si se compara con las de algunos países, donde hemos visto a presidentes de Gobierno irse directamente al sector privado”. El puyazo parece dirigido, entre otros, a Alemania, donde el excanciller Gerhard Schröder pasó a la nómina de Gazprom nada más dejar el cargo de canciller. Aun así, el caso Barroso parece destinado a provocar un endurecimiento de las normas de unas instituciones supranacionales que la opinión pública europea observa cada vez con más desconfianza por la presunta falta de celo democrático.

Reforzar el control

La defensora del pueblo europea, Emily O’Reilly, lleva meses reclamando una revisión del código de conducta que se aplica a los excomisarios. Solo unos días antes del fichaje de Barroso por Goldman Sachs, O’Reilly concluía un informe por iniciativa propia en el que acusaba a la Comisión de no haber aplicado el código con rigor, en un caso concreto y mantenido en secreto, durante el segundo mandato del portugués (2010-2014). El Gobierno francés también ha pedido al actual presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, un endurecimiento del código.

La paga de salida ya se ha recortado, a instancias de Holanda, de tres a dos años para futuros nombramientos. El periodo de enfriamiento se alinearía con ese plazo y se elevaría hasta los 24 meses. Y la vigilancia podría estrecharse para retirar el derecho de pensión a los excomisarios que no actúen “con honestidad y discreción”. Una obligación que, según París, José Manuel Durão Barroso ha incumplido fichando por Goldman Sachs.

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