Deporte

Wimbledon, donde el tenis importa tanto como la etiqueta

Jugadores y vips deben cumplir con el rígido protocolo del All England Club

El tenista serbio Novak Djokovic saluda a la grada tras su primer partido, el lunes, en Wimbledon.
El tenista serbio Novak Djokovic saluda a la grada tras su primer partido, el lunes, en Wimbledon.

Desde esta semana, Londres acoge el torneo de tenis más antiguo y prestigioso del mundo, el único de los cuatro grandes que se disputa sobre hierba: Wimbledon. Organizado desde 1877 por el All England Lawn Tennis and Croquet Club de la capital británica, más conocido como All England Club, no es el que más dinero reparte del circuito tenístico: la bolsa total alcanza los 34 millones de euros al cambio actual, 2,5 para los ganadores de los torneos individuales masculino y femenino, mientras que el Abierto de EEUU llega a los 38 millones. Pero sí el que más honor aporta a sus ganadores, convirtiéndoles, además, en miembros de uno de los clubes más restringidos y elitistas del mundo.

Pippa Middleton, hermana de la duquesa de Cambridge, esta semana en un partido de Wimbledon.
Pippa Middleton, hermana de la duquesa de Cambridge, esta semana en un partido de Wimbledon. REUTERS

Solo 375 personas pueden presumir de ser miembros de pleno derecho del All England Club, una condición a la que solo puede accederse en caso de que alguno de ellos fallezca. A esa plaza aspiran las más de 1.000 personas que copan la lista de espera, y que para tener opciones, deben estar respaldados por cuatro socios que deben redactar, cada uno, una carta de apoyo al candidato, para después esperar la decisión del comité. A ellos se añaden los miembros de honor, donde están los campeones de Wimbledon y personas “que han dado un servicio especial al deporte”, y 120 miembros temporales, cuya pertenencia se renueva año a año. La cuota a pagar es un secreto.

Solo estos 375 miembros de máxima categoría pueden acceder a un espacio reservado en la pista central de Wimbledon. Allí, y en el palco real, reservado a invitados y a la familia real británica, las normas de vestuario son exigentes. Los hombres solo pueden ocupar sus asientos con traje completo, o con americana, camisa, corbata, pantalones de vestir (prohibida la tela vaquera) y zapatos. Por ejemplo, el tricampeón de Fórmula 1, el británico Lewis Hamilton, no pudo acceder al palco real en la final del año pasado por no cumplir con las normas. Esa misma etiqueta se exige a las mujeres.

Sin embargo, estas no se aplican al público general, pero en los palcos privados, que llegan a alcanzar los 6.000 euros por partido y persona, sí se mantiene un cierto grado de formalidad, no siendo necesarias las chaquetas ni las corbatas, pero sí las camisas y los pantalones y zapatos de vestir. También los propios tenistas deben respetar unas rígidas normas de vestuario. En 1963 el All England Club obligó a los jugadores a que el color blanco predominara en su ropa de competición. Desde 1995, no se permite ningún tono sólido que no sea el blanco en ninguna prenda. Los logotipos de las marcas deportivas han de ser discretos. 

La norma, eso sí, no hace referencia a la longitud de las prendas, como por ejemplo, las faldas de las jugadoras. Para este torneo, Nike propuso a sus tenistas un modelo de falda más corta que en el resto de torneos. La dirección de Wimbledon dio el visto bueno al cumplir con la regla del color blanco, pero no así las jugadoras, que han obligado a Nike a cambiar el diseño. Un vacío en el protocolo dentro de un torneo que hace gala de unas rígidas normas. Este año será la primera vez que los duques de Cambridge entreguen los trofeos a los campeones, hasta ahora eran los duques de Kent los encargados de esta tarea. La ceremonia continúa en una cena privada en la que es tradición que los ganadores abran el baile. En el torneo se consumen 29.000 botellas de champán, y el catering es servido por la empresa FMC, en el que trabajan 1.800 personas.