Tribuna

Los ‘mantras’ fiscales de los políticos

No sabemos ni cuánto pagamos ni tenemos interiorizado que todo, o casi todo, lo pagamos quienes no podemos repercutir ni trasladar los impuestos

Después de escuchar a unos y a otros, la verdad es que la desesperación se apodera de uno. Me refiero, claro está, a los políticos. A los viejos y a los nuevos. Todos acuden a los típicos mantras y eluden así la verdadera realidad. Veamos alguno.

No se dice, por ejemplo, que la mayoría de los impuestos los soportan los contribuyentes sin posibilidad alguna de trasladarlos a un tercero, esto es, los particulares. En efecto; para las empresas los impuestos son un coste que se traslada al consumidor vía precio. Hay casos, es cierto, que las condiciones del mercado no lo permiten. Pero en la mayoría de los casos, sí. Reducen, por supuesto, la rentabilidad de la empresa, pero lo normal es que se trasladen vía precio que, sin percibirlo, el consumidor acaba soportando. En otros casos, el fenómeno de la ilusión financiera hace que el consumidor no perciba los impuestos que paga. Este es el caso del IVA o de los impuestos especiales en los que es prácticamente imposible conocer cuánto se paga (combustible, tabaco, alcohol, etc.). Y en otros, en los que debiéramos ser muy conscientes, la verdad es que no lo somos. Me refiero, en concreto, al IRPF. El sistema de retenciones a cuenta vinculado al premio casi seguro de la devolución final produce un efecto anestesia que hace que el contribuyente interiorice tan solo lo que le devuelven o paga en junio. Esa es la verdad. Y sí, es cierto, el trabajador conoce lo que se le retiene. Pero la verdad es que solo interioriza su neto y la devolución final que, claro está, se procura que sea inmediata ya que, de lo contrario, el éxito del sistema se pondría en cuestión. Sea como fuere, no sabemos ni cuánto pagamos de verdad ni tenemos interiorizado que todo, o casi todo, lo pagamos quienes no podemos repercutir ni trasladar los impuestos. Toda subida de impuestos a las empresas reducirá sus márgenes y repercutirá pues con toda seguridad a los currillos de a pie, disminuyendo además su renta disponible. Según los diferentes estudios que hoy existen, los impuestos representan un 40 % de nuestro salario. ¿Lo sabía?

"El problema es de creación de riqueza, exceso de gasto y asfixia tributaria de quienes sorportan los impuestos”

No se dice tampoco que el problema fundamental no es un problema de impuestos sino de gasto público. Y no me refiero a reducir el Estado del bienestar. Me refiero a la ineficiencia en la gestión del gasto, a una Administración sobredimensionada, a un gasto político desorbitado, a evidentes duplicidades, a un exceso de funcionarios y cargos, y a un largo etcétera. Es pues imprescindible una auditoría externa e independiente de todas las Administraciones y fijar el nivel óptimo de gasto en términos de eficiencia y eficacia. Y no todo nos lo podemos permitir. Habrá que priorizar. Y para ello es también necesario conocer el coste detallado por servicios y cómo repercute en cada contribuyente.

Pero hay más. Fijado ese nivel óptimo, el problema continúa sin ser los impuestos, sino la creación de riqueza. Sin riqueza no hay ingresos y sin estos es imposible sufragar el gasto. Lo importante no es pues asfixiar a tributos, sino crear el marco social, económico y jurídico que permita crear riqueza; marco que exige, entre otras, una política educativa de excelencia, una justicia rápida, garantizar la seguridad jurídica y promover la creación de empleo y de riqueza. Requiere apostar por la plena iniciativa y desarrollo de la persona y por promoverla, en su caso, mediante incentivos con retorno. Es decir, ayudar, sí; regalar, no. Toda ayuda ha de tener pues un retorno directo o indirecto, por ejemplo, que repercuta en mayores ingresos. No cabe pues el Estado protector. Sí el del compromiso.

Podría seguir, pero creo que lo dicho hasta aquí refleja con claridad que el camino no parece el adecuado. Y claro que hay que luchar contra el fraude y la elusión. Sin respiro. Pero ese no es el problema de fondo ni lo es tampoco que los ricos no pagan, que también. El problema es la incapacidad e impopularidad de afrontar la realidad. Decir con claridad que el problema es de creación de riqueza, de exceso de gasto y de verdadera asfixia fiscal de quienes realmente acaban soportando los impuestos; de ser conscientes de que vivimos en déficit, con un nivel de deuda pública superior al PIB, con una clase media empobrecida, con un aumento de las desigualdades y de la pobreza y con un modelo fiscal agotado. Es pues necesario abandonar los mantras populistas y afrontar la verdad. Rédito político, ninguno. Social, mucho.

Antonio Durán-Sindreu Buxadé es profesor de la UPF y socio director de DS, Abogados y Consultores de Empresa.