Debate a cuatro

Rajoy replica las críticas agarrado a la mejora de la economía

Sánchez, Iglesias y Rivera centran sus reproches al presidente en la precariedad, la desigualdad y las promesas incumplidas

El socialista reprocha a Iglesias no haber podido llegar a un pacto pese a sus múltiples propuestas comunes

ATLAS

El único cara a cara de la campaña del 26J entre los líderes de los cuatro grandes partidos que optan a tener responsabilidades de gobierno cumplió casi al milímetro con el guión esperado. Más que un intercambio real de propuestas en el que los espectadores pudieran apreciar las políticas que llevarán a cabo cada uno de ellos, la mitad del bloque dedicado a economía se consumió en reproches al representante del partido que ha gobernado en los últimos cuatro años y medio.

Ya desde las intervenciones iniciales ninguno de los representantes del PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos escatimó críticas a los resultados que, en su opinión, ha deparado la política de austeridad y ajustes llevada a cabo por el PP.

La extrema diferencia entre el volumen de contratos que se firman en la actualidad de carácter temporal y los que son fijos fue puesta como ejemplo de precariedad y pobreza para incluso aquellos que cuentan con un empleo. Así se lo recordaron al presidente en funciones tanto Pablo Iglesias como Albert Rivera (quien para la ocasión se apuntó a la moda de prescindir de la corbata) y Pedro Sánchez.

Precariedad, pobreza y desigualdad fueron tres de los conceptos más repetidos a lo largo del primer bloque en el que se dividió el debate. Como antídoto a esta situación, las tres fuerzas políticas hoy en la oposición coincidieron en que será necesario elevar el salario mínimo, derogar aspectos clave de la reforma laboral y crear un nuevo marco contractual y de relaciones laborales para enmendar los efectos de tanto recorte.

¿Y cómo reaccionó Mariano Rajoy? Pues igual que fueron previsibles los ataques, lo fue su respuesta. El líder de los populares se mostró tranquilo y con su sorna habitual despachó los ataques con cifras y más cifras. Que si antes de su llegada a La Moncloa se destruían 1.400 puestos de trabajo al día y ahora se crean más de 1.500, que si el 75% de los trabajadores cuenta con un contrato estable, que si la flexibilidad laboral atrae inversiones. Y como también habían hecho sus contrincantes, él reiteró lo que hará si vuelve a tener responsabilidades de gobierno: “Se pueden crear otros dos millones de empleos en la próxima legislatura y volveré a bajar los impuestos”.

El presidente admitió que las cosas no están bien, pero sí mejor de como se las había encontrado. Mentó los impuestos y volvió a poner de acuerdo a sus tres adversarios, quienes le recriminaron haber prometido que bajaría el IRPF y el IVA en la campaña de 2011, para después tener que subirlos como nunca antes se había hecho. Quizá fue el momento en el que se sintió más acorralado, como cuando a su argumento de que es más difícil gobernar que predicar, el líder de Unidos Podemos echó mano de su experiencia como docente y le recriminó que cuando se suspende un examen no vale siempre decir que la prueba era muy difícil.

Al margen del todos contra Rajoy, no hubo ni insultos ni subidas de tono ni rifirrafes destacables, todo transcurrió con auténtico guante blanco hasta que llegó la hora de hablar de corrupción. Sin improperios o descalificaciones, lo cierto es que fue una de las partes más tensas del debate, ya que volvió a cuestionarse si Rajoy había cobrado o no dinero en negro, como presuntamente trata de demostrar el extesorero Luis Bárcenas. Y al hablar de este asunto se aparcó por un momento el tono cordial, que se transformó en un todos contra todos o el manido y tú más. Ni los líderes de los llamados partidos nuevos, Rivera e Iglesias, escaparon a las sospechas de irregularidades.

Al presidente de Ciudadanos Rajoy le recordó unas declaraciones suyas en el programa Salvados, según las cuales el líder de la formación naranja habría reconocido haber cobrado alguna vez dinero en negro. En el caso de la formación morada, fue el propio Rivera quien volvió a rescatar las sospechas de financiación irregular que han planeado sobre Podemos en los últimos meses, una posibilidad que Iglesias negó con rotundidad.

  • Política de pactos

Sin embargo, en términos globales Sánchez y Rivera era obvio que habían sellado un acuerdo de no agresión, lo mismo que Pablo Iglesias, quien mantuvo en todo momento un tono cordial y afable con el secretario general de los socialistas, con quien se mostró convencido de que llegará a gobernar. Los ataques del líder de la formación morada solo tuvieron como destinatarios a Rajoy y a Albert Rivera, a quien se refirió al final como el “buen escudero” del PP.

Pedro Sánchez mantuvo un tono austero, muy duro con Rajoy, pero sin entrar en los exabruptos y la descalificación de su último cara a cara. Acusó al presidente en funciones de haber gobernado para las clases más acaudaladas y ante la duda, haber tomado las decisiones que perjudicaban siempre a la mayoría. Fue el único que trató de sacar al debate ya desde el principio el asunto de la corrupción, aunque en este tema no tuvo ningún respaldo de los dirigentes de C’s y Unidos Podemos hasta mediado el debate minutos más tarde.

Prometió que cumplirá lo que prometa en campaña y aseguró que firmará con la ciudadanía un contrato a cuatro años con dos años de prueba. Y aunque reconoció que coincide con sus dos compañeros de oposición en muchas de las propuestas planteadas, el gran reproche que dedicó a Iglesias fue que gracias a su actitud, había imposibilitado que hoy existiera un Gobierno de cambio y progresista en España.

Mientras los ataques seguían, por la educación, la sanidad, el crecimiento de la desigualdad, las diferencias salariales entre hombres y mujeres, Rajoy a lo suyo. Sacó la chuleta y tiró de incontestables: en 2011 España estaba al borde de la quiebra y ahora ya nadie habla de ello, hoy nadie recuerda la prima de riesgo y de un 9,3% de déficit se ha pasado a un 5%. “Perseveremos en las políticas que han hecho todo esto posible, de lo contrario, volveremos de nuevo atrás”, concluyó.

Sobre la política de pactos, Pedro Sánchez pronosticó que volverá a haber una mayoría de cambio e insistió en que es el PSOE el único partido capaz de garantizar un Gobierno progresista y de cambio. En una clara alusión a Pablo Iglesias dijo que su enemigo para la consecución de los pactos será la intransigencia y el querer ocupar el poder solo por ocuparlo. Mariano Rajoy reiteró su intención de volver a plantear la necesidad de una gran coalición con el PSOE e incluso con C's.

Por su parte, Albert Rivera aseguró que "por supuesto que habrá acuerdo" y apeló a que éste se haga no para mantener la corrupción o copiar el modelo de Grecia, sino para cambiar España y mejorar, entre otras cuestiones, la educación.

Por último, Pablo Iglesias dijo que solo hay dos opciones: o un Gobierno con el PP o bien otra con el PSOE junto con Unidos Podemos. Manifestó que será crucial dejar de mirar al pasado para la mejora de España.