Tabaqueras

El contrabando de tabaco se pasa al de liar

El sector aprecia un descenso del comercio ilícito de cigarrillos tras años de subidas

Trabajadora de Cetarsa en la fábrica de Talayuela (Cáceres).
Trabajadora de Cetarsa en la fábrica de Talayuela (Cáceres).

Pedro Fernández es un agricultor extremeño que tiene una plantación de tabaco de 140 hectáreas. Al año, produce 3.000 kilogramos por hectárea de los que buena parte vende a Cetarsa, la empresa pública que se dedica al procesado de tabaco. Otros agricultores de la zona venden sus excedentes de forma irregular y este producto acaba en el mercado ilícito.

Tras el boom del contrabando de cigarrillos desde 2011, llegando a suponer el 11% de los que se consumían en España, las tabaqueras han empezado a apreciar un comercio ilegal creciente de la venta fuera de los canales legales de la picadura o tabaco de liar.

Altadis ha cifrado la pérdida de ventas de este producto desde 2013 en 800 toneladas, o lo que es lo mismo, el 12% del mercado. “Es una competencia desleal, nadie tiene control sobre este tabaco”, asegura Agustín Conde, director general de Cetarsa.

Rocío Ingelmo, directora de asuntos corporativos y legales de Altadis, certifica que es “muy complicado” cuantificar el nivel exacto de tabaco de picadura ilegal, al ser más difícil de controlar que las cajetillas de cigarrillos.

Fernández tilda de “catástrofe” este comercio ilegal. Palabras que suscribe Ingelmo, quien señala que, además de ser un “golpe” para la industria, supone una pérdida de recaudación para el Estado y un peligro para la sanidad.

Cetarsa se encarga de la compra del tabaco a los agricultores y su procesado para venderlo a las tabaqueras. En sus instalaciones se pasan los controles marcados por ley para evitar la presencia de pesticidas, plásticos y otro tipo de desechos que se hubieran podido colar. Ingelmo critica que este producto ilegal no pasa estos controles por lo que se comete “un delito contra la salud”.

La compañía señala que este incremento del contrabando de este producto ha coincidido con una subida de los impuestos en 2013, así como la proliferación de su venta en internet. “Es muy complicado perseguir estas webs por dónde se hospedan”, lamenta Ingelmo.

En esta misma línea se están moviendo las grandes tabaqueras que esta semana han impulsado un comunicado conjunto para reclamar medidas que luchen contra esta nueva modalidad de tabaco ilegal. Afecta especialmente a Andalucía y Extremadura, donde las ventas han caído un 16,4% y un 28,5%.

En el caso extremeño, el impacto es todavía mayor si se tiene en cuenta que en sus tierras se produce el 95% del tabaco español y miles de familias viven directa o indirectamente de esta industria. “Es necesario que se conciencie sobre este problema”, señala Ingelmo Conde, de Cetarsa, asegura que están informando a los agricultores de los riesgos de este comercio ilícito para la continuidad del sector.

Paradójicamente el sector esta apreciando un freno en el contrabando de cajetillas de tabaco y cigarrillos. Según un estudio de KPMG al que aluden las tabaqueras, en el último año ha habido una reducción del 24%, dejando el total en España en torno a un 6,2% del total de tabaco consumido. La mejora de la situación económica así como la presión creciente por parte de las autoridades aparecen como las razones para explicar este descenso. Además se ha vivido un descenso importante de las conocidas como ilicit whites, que son aquellas legales en otros mercados pero que se consumen en regiones donde no han pagado sus impuestos.

En Andalucía, la región donde más tabaco ilegal se consume de España por distintas razones como su proximidad a Gibraltar, el contrabando ha pasado del 38,3% al 31,5% del total. Por ello, pese al auge del contrabando del tabaco de liar, sigue siendo el de cigarrillos el más preocupante para el sector. En toda Europa el mercado ilegal supone el 9,8% del total de los cigarrillos vendidos, una cifra que equivaldría, según el estudio, a todo el mercado legal en España.