Editorial

Apetito por el fútbol

El fútbol es lo más importante entre las cosas que no son importantes, sentenció Jorge Valdano. En Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, el fútbol era de las pocas actividades que unían a un continente desgarrado. Después de caer el Muro, la creación de la Liga de Campeones, la llamada ley Bosman (que liberalizó los fichajes intracomunitarios) y el desembarco de la televisión de pago modernizaron este deporte. Hoy las competiciones europeas y sus ligas nacionales atraen a las mejores estrellas y son seguidas con pasión en el mundo entero. El fenómeno nuevo es que este sector sea destino de importantes inversiones de instituciones o magnates extranjeros, en su mayoría asiáticos, hasta el punto de que el capital exterior está ya presente en 10 de los 20 clubes más ricos de Europa. El último es el histórico Inter de Milán, club que ha sido adquirido por el holding chino Suning por 270 millones de euros.

El fútbol europeo se vuelve global en su explotación y también en su propiedad, como le ha pasado a tantos otros sectores ligados al espectáculo. ¿Es una buena inversión el fútbol? No siempre lo es desde el punto de vista financiero. Pero así se une al inversor con un espíritu, con unos valores y con una identidad colectiva, factores que darán réditos de otro tipo.