Editorial

La estabilidad de la hipoteca con tipos fijos

La estabilidad de la hipoteca con tipos fijos

El activismo monetario del Banco Central Europeo ha modificado muchos de los comportamientos financieros del negocio bancario, tanto en la oferta como en la demanda. Los tipos de interés en el 0% no son una anécdota coyuntural a la vista del marchamo de la economía europea y por las propias estimaciones que el BCE hace de las variables macroeconómicas para los próximos años. Según las últimas proyecciones de Fráncfort, los tipos estarán en ese entorno al menos hasta 2019, a juzgar por cómo estima que se comportarán tanto los tipos a corto de mercado (en negativo) como los tipos a largo (muy ligeramente por encima del 1% la deuda a diez años).

Por ello, la banca ha ampliado y mejorado la oferta de productos a tipos fijos, sobre todo en las hipotecas, dado que dispone de un margen de intereses más elevado y a tiempo fijo, mientras que la clientela ha comenzado a contratar este tipo de hipotecas (ya superan el 12% de las nuevas operaciones) porque da estabilidad a su factura financiera, y puede contratarla a niveles muy similares a los diferenciales que ahora aplican los bancos. Además, los hipotecados se colocan al abrigo de las subidas de tipos, que a lo largo de la vida de un hipotecario siempre surgirán.

No hay que despreciar el papel que ha tenido el hecho de eliminar las cláusulas suelo para volver a la contratación de hipotecas fijas, ya que tales cláusulas funcionaban en realidad como un tipo fijo, aunque fuese mínimo, que garantizaba el margen suficiente a las entidades para contratar sin riesgo de tipos de interés.

En todo caso, los particulares deben analizar bien las condiciones de este tipo de productos, que han estado guardando el sueño de los justos durante décadas, porque durante décadas la tendencia de los tipos de interés en Europa (y en España, desde que entró en el euro) ha sido declinante. Habitualmente llevan aparejadas comisiones de apertura generosas para la entidad y otras de cancelación realmente prohibitivas, para cubrirse de la posibilidad de los clientes abandonen los tipos fijos de nuevo por los variables. El riesgo de que la clientela cancele un contrato de tipo fijo para contratar uno variable tiene, en todo caso, ya muy poco sentido, salvo que la evolución del precio del dinero lleve las referencias hipotecarias (el euribor sobre todo) a niveles muy negativos, más allá de donde ya están ahora.

El Banco de España ha autorizado este tipo de comisiones de protección para la banca, pero debería vigilar que sus cuantías no fuesen cuasi predatorias. En todo caso, los clientes tiene que analizar bien la conveniencia de estabilizar su factura financiera, siempre que su coste sea similar al que le proporcionaría un producto variable.