Cómo financiar las pensiones, el segundo problema nacional

  • 1Las pensiones, segunda problema nacional 
  • 2Incremento imparable del gasto en pensiones 

    En España había al cierre de 2015 nada menos que 9,3 millones de pensiones, con un gasto total de 128.000 millones de euros, una cantidad que avanza a tasas superiores al 3% anual aunque las cuantías de las pensiones se incrementen únicamente un 0,25%, con en los dos últimos años.

    El número de pensiones avanza en torno al 1% anual, pero se acelerará en la década de los veinte porque llaga a la edad de retiro la cohortes de población nacida en el baby boom, y dispone de carreras de cotización mucho más consistentes que los pensionistas actuales.

    Además, el crecimiento de la esperanza de vida prolonga los periodos de cobro por parte de los pasivos, agravando más el problema financiero del sistema de pensiones públicas.

  • 3Las pensiones nuevas son muchos más caras 

    El principal escollo financiero del sistema de pensiones públicas es el doble efecto sustitución que se genera en los ingresos y en los pagos, que va siempre contra la caja de caudales. En primer lugar, cada pensionista que llega hoy al sistema, que se jubila hoy, percibe una prestación que es un 35% más elevada de la que cobraba el pensionista que fallece hoy.

    Además, el recién llegado cobrará una media de 21 años, mientras que el que ha fallecido ha cobrado solo 17.

    En los ingresos pasa algo parecido: el cotizante que empieza hoy a cotizar aporta mucho menos que el cotizante que se ha jubilado hoy, y la diferencia de ingresos, alguien tiene que ponerla.

  • 4La carga la soportan empresas y trabajadores 

    La carga de las pensiones descansa en las aportaciones de los empleados y sus empresas, así como en los autónomos y los desempleados con prestación contributiva, cuya aportación corre por cuenta del Estado.

    Las cotizaciones de empresas y trabajadores suponen la parte del león de los ingresos de la Seguridad Social, nada menos que el 88% del total de los ingresos. Se trata por tanto, de un impuesto al empleo cuyo manejo es muy delicado.

    Los empresarios demandan históricamente una rebaja de las cotizaciones de las empresas para aliviar el coste del factor trabajo y generar más empleo. De hecho, las cotizaciones empresariales en España son de las más elevadas de Europa, mientras que las de los trabajadores por cuenta ajena son de las más modestas. Habrá, en el futuro, un trasvase del empleador al empleado.

  • 5Cómo capturar los ingresos que faltan 

    La aportación de los empresarios y trabajadores no es suficiente: cada año el sistema arroja un déficit de unos 12.000 millones de euros. Solo pueden ser absorbidos con una subida de las aportaciones, que complicaría la creación de empleo, o con la generación de más ingresos por parte del Estado con el carácter finalista de financiar el déficit de las pensiones.

    Por el momento los gestores echan mano de la hucha de las pensiones para pagar los déficits puntuales; pero el remanente está ya solo en 36.000 millones y podría agotarse en el año 2019 o 2020. Para entonces habrá que haber puesto en marcha un nuevo impuesto que financie las diferencias, o haber elevado las cotizaciones, o haber reducido la cuantía de las pensiones, .... o crear empleo más rápidamente.

  • 6El empleo, la madre del cordero 

    El empleo es la madre del cordero para mantener el sistema de jubilación español. Pero si las pensiones es el segundo problema nacional, el empleo es el primero. Y están encadenados. Ahora en España hay 2 trabajadores por cada pensionista, pero es una relación de dependencia muy ajustada para disponer de holgura en las finanzas del retiro.

    Lo lógico es que haya tres cotizantes por cada pasivo, y eso solo se consigue generando mucho más empleo. España precisa al menos veinte millones de ocupados, y a ser posible con empleo de calidad y buena remuneración, para sostener las prestaciones de jubilación. 

    Para llegar a ello es preciso mantener las políticas económicas que estimulen el crecimiento en tasas elevadas de manera continua, para poder absorber el envejecimiento esperado de la población, que engordará el colectivo de pasivos.

  • 7El debate de la edad de retiro está agotado 

    Retrasar la edad de jubilación es la decisión más socorrida por los políticos para solventar las apreturas financieras del sistema de pensiones, sobre todo cuando se trata de problemas estructurales. Esa decisión en España se hizo en 2011, cuando se retrasó el retiro legal de los 65 a los 67 años de forma paulatina, y que culminará en 2027: en esa fecha nadie podrá jubilarse antes de los 67 cumplidos; solo podrá prejubilarse.

    Cada año que se retrasa la jubilación se gana un año completo de aportaciones de los cotizantes (algo más de 3.000 millones de euros), y se ahorra un año completo de prestación de los jubilados (unos 6.000 millones). De momento, la decisión de llevarla a los 67 años ha supuesto que la edad media de jubilación ha pasado en España de los 62 años a los 63,5, con el consiguiente alivio para la caja común de las pensiones.