Foro empresarial EE UU-España

Las barreras al comercio que el TTIP puede suprimir

El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos; el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet y el presidente ejecutivo de Cuatrecasas, Rafael Fontana.
El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos; el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet y el presidente ejecutivo de Cuatrecasas, Rafael Fontana.

Las delegaciones de la UE y de EE UU encararon con optimismo el inicio del año ya que pensaban que las negociaciones del tratado de libre comercio entre ambas zonas del mundo, conocido como TTIP por sus siglas en inglés, estaban encarriladas y que incluso el presidente Obama, que abandonará la Casa Blanca en noviembre, podría poner su firma en el Tratado. Con lo que no contaban era con la corriente de rechazo generalizado, dirigida desde las redes sociales por sindicatos y grupos activistas, secundada por Francia y Alemania, dos de los países de la UE más contrarios al acuerdo. A ese clima de censura contribuyó la publicación por parte de Greenpeace de los papeles con las posiciones de EE UU respecto a los principales asuntos que se estaban negociando, que en muchos casos suponía, la desregulación o la eliminación de muchos estándares.

Certificar un producto en EE UU requiere repetir el proceso ya realizado en la UE, lo que lo encarece un 20%

En este contexto, algunas empresas españolas salieron ayer a defender el acuerdo y a reclamar a ambas partes co raje para negociar y cerrar un pacto con el fin de evitar el aislamiento del resto del mundo, toda vez que todos los informes de los organismos internacionales vaticinan que el 90% del crecimiento mundial en el futuro vendrá de fuera de la UE. Jorge Santos, director de la división internacional de Flores Valles, la empresa industrial más longeva de Madrid, destacó dos problemas en sus negocios en EE UU. “No hay reconocimiento mutuo de las certificaciones de los productos. Allí opera la cláusulas del Buy American que obliga a tener proveedores locales y no se permite la repatriación de directivos”, aseguró durante su participación en el VI Foro Empresarial, organizado por la Cámara de Comercio de España y la Cámara de Comercio de EE UU en España.

En el primer caso, esa falta de homologación obliga a duplicar el trabajo; en el segundo, Santos destacó que limita la participación en concursos públicos y el potencial que ofrecen a las empresas españolas. “Ganamos un contrato para hacer las cocinas en 50 trenes, pero no podemos hacerlas en España por esa cláusula y el valor añadido se queda allí”. También relató que necesitaban para un trabajo en concreto a un empleado español, cuya tramitación del visado se retrasó y eso paralizó durante un año un proyecto. El 92% de la facturación de esta empresa, en torno a 25 millones de euros, procede del negocio exterior, en el que el mercado norteamericano está adquiriendo un peso relevante.

Tomas Olleros, presidente del grupo farmacéutico Farmasierra, destacó que todavía se encuentran realizando los trámites para conseguir la certificación ante la FDA (la agencia de alimentos y medicamentos de EE UU), prevista para 2017. “Esta sería la mejor tarjeta de presentación frente al resto del mundo. Siendo el mercado más importante, nos abriría las puertas a otros países”. En su opinión, los principales problemas que ha encontrado su compañía en la singladura por EE UU no han sido los aranceles, sino las barreras no arancelarias. “Tenemos que duplicar los procedimientos para EE UU. Esa barrera de duplicidad y los retrasos para registrarnos suponen un sobrecoste del 20%”, subrayó. Afincada en San Sebastián de los Reyes (Madrid), Farmasierra emplea a 200 personas y factura 400 millones de euros.

Pero no solo las pequeñas y medianas empresas españolas quieren que se apruebe cuanto antes el TTIP. Las grandes, como Iberdrola, apuestan también por eliminar las barreras al libre comercio. “EE UU es una apuesta estratégica. Nos ha permitido diversificar el riesgo, crecer en el área dólar, en un negocio regulado, con flujos de caja previsibles, con un perfil de menor riesgo y unos marcos regulatorios predecibles”, recalcó José Gasset, director de Relaciones Internacionales de la compañía eléctrica. En su opinión, las grandes barreras en el mercado estadounidense han sido las dificultades para certificar productos, para homologar títulos universitarios y participar en concursos públicos. “Te exigen mano de obra local y productos locales y vetan a tus suministradores tradicionales”, subrayó.

“No firmaremos cualquier cosa”

El portavoz de la Comisión Europea en la representación en Madrid, Jochen Muller, alabó las ventajas del Tratado, pero expuso que no se firmará a cualquier precio. “No firmaremos cualquier cosa. Si no tenemos un acuerdo que merezca la pena, ambicioso y equilibrado, esperaremos un año o dos años más. Los europeos tenemos que convencernos de que somos fuertes y que negociamos a la misma altura. El acuerdo debe beneficiar a las dos partes para poder firmarse”, recalcó.

Frente a la ola de rechazo al Tratado, acelerado por las filtraciones de documentos de EE UU desde Greenpeace, Muller consideró que hay que hacer mucho proselitismo e insistir en los debates para evitar que el populismo le declare la guerra abierta. “Ya hay cinco comunidades autónomas y 150 ayuntamientos en España insumisos al TTIP. Hay que evitar el efecto contagio”.