Editorial

La alargada mano de Hacienda

La administración tributaria ha logrado que en los meses transcurridos de 2016 los españoles hayan declarado 13.700 millones de euros en activos en el extranjero, que junto con los aflorados en los tres años anteriores llegan a los 141.000 millones de euros, nada menos que el 12,6% del PIB. Esta operación que Hacienda puso en marcha en paralelo a la amnistía fiscal de 2012 ha dado fantásticos resultados, y se ha hecho sin cercenar la libérrima capacidad que los contribuyentes tienen para adquirir activos en el extranjeros si lo desean, ya sean de carácter inmobiliario o financiero (acciones, seguros, fondos o depósitos). Únicamente donde Hacienda considera que existe ocultación de obligaciones tributarias inicia una inspección (lo ha hecho sobre más de 8.800 contribuyentes y ha generado 1.100 millones), y en el resto de los casos se limita a conocer la situación patrimonial fuera de las fronteras, algo generalizado en las haciendas modernas. Para cerrar el círculo falta controlar los paraísos fiscales atractivos para el dinero, algo en lo que solo la unidad de criterio a nivel mundial es posible. Desde la crisis los avances han sido muy importantes, pero sigue habiendo una ingente cantidad de dinero oculta a los ojos de los gestores tributarios, mientras soportan déficits fiscales y deudas desorbitadas.