La UE del revés

La UE llega hecha trizas a la fiesta de su 66 cumpleaños

La Unión Europea celebra hoy su día, conmemorando que han pasado 66 años desde la firma de su acta de nacimiento

Pero el clima antieuropeista en varios países ensombrece esta celebración

Un participante católico de una manifestación antieuropeista celebrada en Polonia.
Un participante católico de una manifestación antieuropeista celebrada en Polonia.

La UE conmemora hoy el 66 aniversario de su acta de nacimiento, la Declaración Schuman que en 1950, solo cinco años después de la Segunda Guerra Mundial, sentó las bases para la integración pacífica del continente. Un proyecto que el presidente de EE UU, Barack Obama, durante su reciente visita a Europa ha descrito como “uno de los mayores logros económicos y políticos” del siglo XX.

La UE, sin embargo, entró con mal pie en el XXI. El proyecto de Constitución fracasó en 2005; la zona euro rozó el colapso entre 2010 y 2012, y los partidos antieuropeístas ganan terreno desde Reino Unido a Austria, Polonia, Francia o Alemania.

El club llega maltrecho a este Día de Europa de 2016 que, significativamente, no es fiesta oficial en ningún país de la UE, ni siquiera en Bélgica, sede de las instituciones europeas.

Solo los eurócratas festejan el cumpleaños. Y no todos. Algunos tendrán que trabajar porque, de manera también muy significativa, los ministros de Economía de la zona euro (Eurogrupo) celebran hoy en Bruselas una reunión extraordinaria, otra más, para intentar desatascar el rescate de Grecia.

Talón de Aquiles

Grecia, un país con menos peso económico que la Comunidad de Madrid, se ha convertido en un problema irresoluble para la UE y en símbolo de las disfunciones de su proyecto estrella: el euro.El país ha perdido una cuarta parte de PIB tras un infructuoso rescate que este mes cumple seis años. Nunca antes, en tiempos de paz, un país europeo había sufrido tal hecatombe.

El Eurogrupo intentará hoy acordar la entrega de otro plazo de unos préstamos que ya superan los 300.000 millones de euros y que mantendrán a Atenas bajo tutela de la troika (CE, BCE y FMI) hasta 2059 como mínimo (medio siglo en total). Un calendario insostenible política y económicamente. A partir de hoy, si hay acuerdo, los ministros de Economía empezarán a estudiar cómo aliviar la carga de la deuda de Grecia para evitar que ese país siga siendo el magullado e incómodo talón de Aquiles de la zona euro.

Estancamiento económico

La zona euro, según los últimos datos de Eurostat, recuperó en el primer trimestre de este año el nivel de PIB del primer trimestre de 2008, la cifra más alta antes de la crisis. Eurostat también publicó la semana pasada los mejores datos de paro en la zona euro (10,2% en marzo) desde agosto de 2011 y en la UE (8,8%) desde abril de 2009.

Las buenas noticias quedaron empañadas por la enorme tardanza en lograr esa recuperación. Estados Unidos recobró hace dos años el nivel de ocupación previo a la crisis y hace tres, el nivel de PIB.

Además de tardía, la recuperación de la zona euro es frágil, según las últimas previsiones de la CE, publicadas el pasado martes, que auguran un crecimiento del 1,6% este año (seis décimas menos que EE UU) y un paro del 10,3% (4,8% en EEUU). Bruselas advierte de que los vientos de cola (petróleo barato, depreciación del euro...) se están parando y la economía de la zona euro podría ralentizarse aún más.

Divergencia creciente

Los ocho años de crisis han supuesto en Europa un freno y marcha atrás en la convergencia económica, uno de los principales objetivos de la UE.

Aparte del hundimiento de Grecia, el resto de la periferia también se ha distanciado de las grandes economías. Las diferencias de España con Alemania han pasado de 13 puntos porcentuales de PIB per cápita en 2007 a 33 puntos en 2014; entre Italia y Alemania, de 11 a 28 puntos en el mismo periodo, y la de Portugal, de 37 a 46 puntos.

Más desigualdad

No solo los países se distancian entre sí; también los ciudadanos. “La desigualdad de ingresos en la zona euro ha aumentado sustancialmente en los últimos años”, señaló el pasado martes el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. Y advirtió de que “desde 2010, las personas con salarios más bajos se han beneficiado menos de la recuperación” y de que crece el número de trabajadores con sueldos un 40% inferiores a la media.

Schengen se resquebraja

A la interminable crisis económica de la zona euro se ha sumado la crisis humanitaria desencadenada por la guerra de Siria, que ha originado un éxodo de varios millones de personas. Cientos de miles han llegado a Europa a través de Turquía, con Alemania como destino predilecto. La marcha ha provocado la reaparición de controles fronterizos en el seno de la zona Schengen. Y por primera vez desde que se aplica ese Tratado (1995), la CE invocó el viernes el artículo 29 para recomendar a cinco países (Alemania, Austria, Dinamarca, Suecia y Noruega) que reintroduzcan los controles al menos hasta final de año. En 20 años, nunca Bruselas había cursado esa petición y siempre habían sido las capitales las que habían pedido permiso a la CE para recuperar los controles de manera muy puntual.

Revancha turca

La crisis de refugiados también ha puesto a la UE a merced del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que ha aprovechado para tomarse la revancha; en particular, frente a la canciller alemana, Angela Merkel, quien tras llegar al poder en 2005 paralizó las negociaciones con Ankara para el ingreso en el club. A cambio de frenar el flujo de refugiados, Erdogan ha exigido que se retomen esas negociaciones, que se exima de visados a los turcos a partir de junio, y hasta que se juzgue en Alemania a un humorista que se mofó de él. Por ahora, lo ha logrado todo.

Una capital herida

Hasta hace poco, las instituciones europeas contemplaban desde los mejores barrios de Bruselas la crisis económica o los problemas de seguridad que azotan a la UE. Pero los atentados del 22 de marzo han agrietado la burbuja eurócrata y han sumido a la capital europea en un estado de zozobra que le cuesta superar. El imprescindible aeropuerto de Zaventem, objeto de uno de los ataques kamikazes, solo ha recuperado el 80% de la capacidad y el sector hotelero acusa caídas de más del 20%.Los técnicos nacionales se resisten a asistir a reuniones en Bruselas y los ejecutivos de la capital europea empiezan a recurrir a los aeropuertos de Ámsterdam y París para evitar las incomodidades del de Bruselas.