Editorial

Flexibilidad para generar más empleos

El debate sobre la necesidad de una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral lleva tiempo sobre la mesa, también en el terreno político, pese a que la dirección de ese giro difiera según la orientación del programa electoral que la plantee. Los economistas del servicio de estudios de BBVA han presentado su propia propuesta, que incluye cambios para flexibilizar y liberalizar cuatro grandes áreas del mercado de trabajo: la indemnización por despido, la configuración de los salarios, la fiscalidad del empleo y los sistemas de protección de los parados. El objetivo de ese esquema no es únicamente seguir incentivando la recuperación, sino preparar la economía española para futuras crisis, de forma que resista con mayor solidez los embates cíclicos y no sufra el dramático hundimiento del empleo que vivió entre 2008 y 2013.

La propuesta de BBVA incluye reducir la dualidad casi endémica que ofrece el mercado de trabajo español entre empleados fijos y temporales, un objetivo pendiente ampliamente reclamado desde hace mucho tiempo por los agentes sociales. Para ello, reduce los contratos actuales a tres –uno indefinido, uno temporal causal de duración máxima de dos años y uno de formación– y propone un modelo mixto de indemnización cuyo objetivo es reducir la brecha en el coste del despido entre fijos y temporales y desincentivar el empleo de estos últimos. En el terreno salarial, se aborda otra asignatura pendiente: eliminar las cláusulas de revisión ligadas al IPC e implantar el pago por rendimiento, es decir, la flexibilidad salarial vinculada a la productividad. El área de la negociación colectiva precisa de una reducción del peso de los convenios sectoriales estatales en favor de los empresariales, pegados al día a día de la empresa. El esquema se completa con una rebaja de las cotizaciones sociales de 2,3 puntos que sería compensada con un aumento de dos puntos en impuestos indirectos.

Las cifras que BBVA defiende como resultado de la propuesta son contundentes: un descenso de 11 puntos en la tasa de temporalidad, 200.000 nuevos empleos a largo plazo y un 0,7% más del PIB, como consecuencia de la caída de las cotizaciones. Más allá de que esos cálculos se cumplan con exactitud, es un hecho que la flexibilización del mercado de trabajo español, fruto de la reforma laboral aprobada hace dos años, ha frenado la sangría del empleo y ha facilitado la creación de nuevos puestos. La receta incluye un entorno más abierto y con menos costes para las empresas –la mayor parte de ellas son pymes–, que las anime a contratar al disminuir el riesgo que asumen al hacerlo. Esa segunda vuelta de tuerca constituye una de las grandes prioridades de ese nuevo Gobierno que España continúa sin tener.